Quinto Sol, vol. 30, n.º 1, enero-abril 2026, ISSN 1851-2879, pp. 1-4
http://dx.doi.org/10.19137/qs.v30i1.9508

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Reseñas
José Ignacio Allevi y Stefan Rinke (Eds.). Saberes globales y expertos locales en América Latina en el siglo XX. Wbg Academic, 2024, 394 páginas
Dolores Arrizabalaga
Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas/Universidad Nacional de La Pampa
Instituto de Estudios Históricos y Sociales de La Pampa
Argentina
Correo electrónico: doloresarrizabalaga@gmail.com
ORCID: https://orcid.org/0009-0004-6782-4087
Saberes globales y expertos locales en América Latina en el siglo XX, obra editada por José Ignacio Allevi y Stefan Rinke, es el resultado del Workshop internacional “Expert knowledge, international actors and Latin American states during the 20th century. Local observations, global approaches”, organizado de manera virtual y conjunta entre el Lateinamerika Institut (Freie Universität Berlin, Alemania) y el Instituto de Humanidades y Ciencias Sociales del Litoral (Universidad Nacional del Litoral/Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas, Argentina). La obra cuenta con un total de catorce capítulos, que reúnen un nutrido conjunto de investigaciones que se proponen analizar la producción y circulación de saberes en América Latina y su vinculación con campos de conocimiento, intelectuales, expertos e instituciones a nivel global, desde fines del siglo XIX.
La historia global en la actualidad representa un enfoque, a la vez teórico y metodológico, que busca poner en discusión los límites nacionales que guían gran parte de las corrientes historiográficas. En ese sentido, este libro tiene una potencia heurística adicional: a partir de un recorrido que conecta escalas locales, regionales e internacionales, cada uno de los trabajos da cuenta de la participación de América Latina en este concierto de conocimiento global. Lejos de ubicar a este subcontinente como mero receptor de saberes y agendas emanadas desde el Norte, la obra pone sobre la mesa las múltiples direcciones en las cuales el conocimiento circuló, a través de medios de comunicación trasnacionales, y las capacidades desplegadas por los actores e instituciones locales, no solo para participar de redes de conocimiento globales sino también para resignificar y producir nuevos saberes, capaces de atender las realidades de las sociedades latinoamericanas, en contextos políticos y económicos cambiantes.
La publicación está estructurada en tres grandes bloques. El primero de ellos, “La experticia sanitaria latinoamericana y su dimensión global”, reúne los trabajos de Juan Pablo Zabala y Nicolás Rojas, Pedro Felipe Muñoz, Germán Soprano, María Silvia Di Liscia y Javier Castro. En el centro de cada uno de los capítulos está el análisis de los conocimientos producidos sobre el campo sanitario, tanto en países considerados centrales (los europeos y Estados Unidos) como en América Latina, las dinámicas de circulación de esos saberes, las adaptaciones y los procesos creativos locales y el rol que, en esos intercambios, desempeñaron profesionales en la materia e instituciones públicas y privadas.
En el capítulo uno, Zabala y Rojas abordan, mediante el estudio de las trayectorias de Telémaco Susini, Julio Méndez, Carlos Malbrán y Rudolf Kraus, la reconfiguración e institucionalización del campo sanitario en Buenos Aires entre fines del siglo XIX y comienzos del XX, a partir de la incorporación de las nuevas teorías bacteriológicas y la producción de saberes y desarrollos biológicos locales. En el segundo apartado, Muñoz explora la participación latinoamericana en la Exposición Internacional de Higiene realizada en Dresde en 1911. Este espacio, organizado por el empresario Karl Linger, consolidó una red global de cooperación científica en la cual, de forma dialógica, participaron centros de investigación bacteriológica de Brasil, y aportó a la popularización de la educación sanitaria en latitudes disímiles como Europa, Estados Unidos y América Latina.
Por su parte, Soprano analiza la profesionalización de la sanidad del Ejército Argentino, mediante un entramado de relaciones que acercaba a los médicos de la institución castrense a los saberes producidos a partir de experiencias de “guerras ajenas”, fundamentalmente de Francia y Alemania. No obstante, esta circulación se completó con una serie de adecuaciones a las condiciones organizacionales y doctrinarias de la fuerza local, así como a las hipótesis de conflicto propias de la Argentina. En el capítulo siguiente, Di Liscia pone el foco en las innovaciones cardiovasculares a mediados del siglo XX. La trayectoria del médico rural René Favaloro le permite a la autora rastrear la conformación de redes de expertos entre Estados Unidos y Argentina que, a partir del trabajo colectivo y de la interacción entre agentes e instituciones diversas, dio lugar al desarrollo de una de las innovaciones de la cirugía cardiovascular más importante: el bypass. La última sección de este eje, a cargo de Castro Arcos, examina la difusión del neomalthusianismo en América Latina, particularmente en Chile, durante la Guerra Fría, a través de líneas específicas de financiamiento emanadas desde el Norte. Las trayectorias de los médicos Benjamín Viel, Hernán Romero y Jaime Zipper dan cuenta que, de esta relación norte-sur, surgieron adaptaciones locales que consideraron las condiciones socioeconómicas del mundo subdesarrollado. Dichas adecuaciones posibilitaron la consolidación de relaciones con otros países de América Latina, y también con Asia y África. Así, la explosión demográfica, la planificación familiar y la anticoncepción ya no fueron objeto solo de intercambios científicos y de política pública en una dinámica norte-sur, sino además sur-sur.
En el segundo bloque de esta obra, “El mundo agrario latinoamericano, sus actores y su problematización internacional”, se encuentran los trabajos de Janne Schreus, Federico Martocci, Carolina Da Cunha Rocha e Ingrid Carolina Hormaza. El punto de encuentro entre los distintos capítulos es la cuestión agraria y la mejora de la productividad en América Latina, agenda en la que se entrecruzan sociedades del conocimiento, saberes globales y su circulación, burocracias estatales y organismos internacionales, entre otros aspectos. Dos capítulos de este eje se enfocan en el conocimiento geográfico. Por un lado, Schreus analiza la relación entre las diferentes formas que asumió el imperialismo y la creación y circulación del conocimiento geográfico en la Amazonía brasileña. A partir del estudio de la Real Sociedad Geográfica de Amberes (Bélgica), explora la participación de expertos brasileños que tenían una posición in-between entre diferentes intereses en la producción de conocimiento sobre la región. Dichos saberes alentaron no solo proyectos europeos, sino también, y fundamentalmente, iniciativas nacionales tendientes a alcanzar el control de territorios hasta entonces alejados del dominio estatal. Por el otro, Hormaza estudia la planificación de proyectos de colonización agraria en Costa Rica, que se desarrollaron desde los años cincuenta con la presencia de los geógrafos alemanes Gerhard Sandner y Helmut Nuhn, quienes hicieron uso de la interpretación de la fotografía aérea. El empleo de esta herramienta en investigaciones geográficas sobre África y América Latina se intensificó en el período de entreguerras, momento en el cual Alemania buscó reincorporarse al certamen de naciones con pretensiones imperiales. La autora reconstruye el entramado de relaciones técnicas, asistenciales y financieras que se desarrolló en Costa Rica, que contó con la participación de instituciones norteamericanas, alemanas y locales que impulsaron investigaciones para conocer la cartografía del país y planificar proyectos de colonización y regionalización.
Los dos capítulos restantes de este eje se adentran en el mundo agrario de Argentina y Brasil. Por un lado, Martocci analiza el mejoramiento genético del trigo en la llanura pampeana argentina en el período 1912-1927, que tuvo lugar a partir del trabajo colaborativo entre genetistas provenientes de Inglaterra e Italia, especialistas y técnicos locales del Ministerio de Agricultura de la Nación y actores involucrados en la producción cerealera que colaboraron en el mejoramiento genético, como las empresas ferroviarias y los agricultores locales. El móvil detrás de este trabajo era mejorar el rendimiento del trigo que se producía, considerando las diferencias agroclimáticas de la región pampeana. De acuerdo con el autor, los logros alcanzados se dieron no solo por la circulación de especialistas, saberes y granos a nivel internacional, sino también por la participación de un entramado de actores e instituciones locales que aportaron conocimiento teórico y práctico. En una línea similar, el trabajo de Da Cunha Rocha explora la consolidación de una burocracia agraria en Brasil entre 1930 y 1960, que impulsó la modernización capitalista de la producción agraria en ese país. Este proceso, como queda explicitado, fue posible gracias a la interacción recíproca entre un Estado que aumentaba sus capacidades, a través de políticas públicas federales para el sector y de la creación de organismos tecnocientíficos para la formación profesional; el intercambio técnico y financiero con países extranjeros, especialmente Estados Unidos, junto a una trama productiva orientada a los mercados globales.
Finalmente, en el último bloque, “Dinámicas globales de la segunda posguerra y sus inscripciones continentales”, se encuentran las publicaciones de Natacha Bacolla y Jimena Caravaca, Cristiana Facchinetti, Andrea Lluch, Florencia Agustina Brizuela y Nicolás A. Camino Villaseca. El conjunto de trabajos reunidos aquí denota las estrategias de circulación del conocimiento desplegadas en América Latina durante la Guerra Fría y las reconfiguraciones que se suscitaron a partir de realidades locales.
El primer apartado de este eje, a cargo de Bacolla y Caravaca, se enfoca en cuatro momentos de la práctica de consultoría en Economía en América Latina entre los siglos XIX y XX. Mediante parámetros específicos, tales como la cristalización del campo de la economía, la creación de organizaciones internacionales en la materia y las reconfiguraciones del mapa de poder, las autoras indagan las distintas dinámicas que tuvo la circulación de saberes económicos y los procesos de recepción en Latinoamérica en el largo plazo. En el capítulo siguiente de este bloque, Facchinetti aborda la construcción de la fábrica INTEC por parte de refugiados del régimen nazi en una pequeña localidad de Brasil en 1941, como resultado de un entrelazamiento del poder local, la política internacional y la diplomacia, que incluía actores, saberes y tecnologías de Europa, América del Norte y América del Sur. Por su parte, Lluch examina la expansión global de la Administración para el Desarrollo entre las décadas de 1950 y 1960, a partir de una mirada en escalas: transnacional, nacional y regional. En América Latina, y en particular en Argentina, dichos programas —emulados desde una multiplicidad de agencias, instituciones y organismos internacionales— permitieron una amplia circulación de conocimientos y de expertos que, tal como demuestra la autora, se encontraron con tradiciones y realidades locales preexistentes que desencadenaron, necesariamente, un límite a los objetivos de transferencia. Vinculado también a la asistencia técnica, el capítulo de Brizuela se centró en el rol que asumió el Centro Interamericano de Vivienda y Planeamiento, encargado de dar capacitaciones en la materia en los años cincuenta, y la participación de profesionales argentinos en los cursos. En ese marco, la autora da cuenta de la circulación de saberes que impulsó el organismo, particularmente la sistematización de una metodología sociológica desarrollada por Orlando Fals Borda, orientada a investigar las funciones sociales y culturales de la vivienda, indispensable para el impulso de proyectos de extensión en esa área. Finalmente, el capítulo de Camino Villaseca estudia los cambios que se produjeron en el Congreso por la Libertad de la Cultura sobre Latinoamérica, con el surgimiento de un enfoque más desarrollista y menos anticomunista. La conferencia “La formación de élites en América Latina”, realizada en Montevideo en 1965, no estuvo ajena a las tensiones y dejó en evidencia la existencia, en el campo de la sociología, de ideas teóricas propuestas desde el continente y que atendían a las circunstancias históricas y las experiencias de la región.
Como se ha reseñado, el público lector se encontrará con una serie de investigaciones que destacan por la rigurosidad del trabajo empírico, el abordaje de distintos campos de conocimiento y un conjunto de actores e instituciones diversas, tanto nacionales, regionales como internacionales, que participaron en la circulación de saberes en múltiples direcciones. América Latina se convirtió en un punto de redes amplias que vincularon experticias, instituciones y políticas en contextos cambiantes. Visitar cada uno de estos estudios se vuelve ineludible para quienes se pregunten sobre agendas, producción de conocimiento, intelectuales, profesionales y expertos, instituciones y políticas públicas, entre otros aspectos, con un enfoque que renuncia a límites geográficos nacionales para priorizar las dinámicas globales de los procesos históricos.