Pablo Cavallero. “Lo barroco en la literatura bizantina: Teodoro Pródromos”. Circe, de clásicos y modernos 29/2 (julio-diciembre 2025).
DOI: http://dx.doi.org/10.19137/circe-2025-290206

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ARTÍCULOS
Lo barroco en la literatura bizantina: Teodoro Pródromos
Baroque in the Byzantine Literature: Theodore Prodromos
Pablo Cavallero [Academia Argentina de Letras]
[ pablo.a.cavallero@gmail.com ]
ORCID: 0000-0001-5756-3347
Recibido: 17-04-2025 | Evaluado: 20-06-2025 | Aceptado: 21-06-2025
Resumen: Se plantea la posibilidad de encontrar, en el 'renacimiento' del s. xii y particularmente en la persona de Teodoro Pródromos, rasgos 'barrocos' de sus obras, en especial de sus sátiras y mimos. Se destaca la presencia de temática barroca (el ser-parecer, realidad-ilusión, engaño-veracidad, mundanidad, miseria, vejez, fealdad, etc.) y el empleo, caro al estilo barroco, de hipérbole, patetismo, grandilocuencia. Se vincula esta presencia y empleo con situaciones personales del autor y con el contexto de época y se sostiene que representan una temática y estilo barrocos en medio de una concepción clasicista de la literatura.
Palabras clave: Barroco; Bizancio; Teodoro Pródromos; sátira; mimo
Abstract: It is laid out the possibility of finding, in the ‘Renaissance’ of twelfth century and in particular in Theodore Prodromos, some baroque characteristics of his works, specially in his satires and mimes. I is stressed the presence of baroque themes (be-seem, reality-illusion, ruse-veracity, spirit of world, misery, old age, hideousness, etc.) and typic stylistic use of hyperbole, pathos, grandiloquence. It is linked this presence and employment to personal situations of the author and to the context of his time; and it is maintained that they represent baroque theme and style in the middle of a classical conception of the literature.
Keywords: Baroque; Byzance; Theodore Prodromos; satire; mime
Es sabido que ‘Barroco’ es una voz que puede funcionar como sustantivo o adjetivo, que el español tomó del francés baroque y éste de la conjunción de barocco 'silogismo escolástico ambiguo' con el portugués barroco 'barrueca, perla irregular'. Aparentemente surge de un comentario hecho por el ensayista francés Noël-Antoine Pluche, quien en 1750 comparó la forma de tocar de dos violinistas, uno más serenamente clásico y otro más desaforado, con la búsqueda de joyas buenas o de perlas deformes (barruecas).
Como sustantivo designa el período artístico que abarcó el s. xvii (fines del xvi - principios del xviii) en todas las artes, entre Manierismo y Rococó. Es un concepto introducido por Heinrich Wölfflin en 1915 para designar cualquier estilo artístico contrapuesto al clasicismo. De tal modo, hay rasgos barrocos en el helenismo, el gótico, el romanticismo y el modernismo. El adjetivo designa a cualquier producto artístico que responde a los rasgos del Barroco.
Comporta cierto estilo recargado, retorcido (por ejemplo, los trinos y otros adornos en la música; el hipérbaton en la sintaxis, la hipérbole expresiva, el neologismo léxico en la literatura; el claroscuro en la pintura, la gestualidad doliente en la escultura, con sinuosidades y contorsiones, el gusto por el realismo sin idealización y que incluye la fealdad y la miseria, la devoción religiosa en torturas y misticismo, lo tenebroso en todas las artes plásticas; arquitectura con curvas convexas y cóncavas, decoración exuberante con profusión de dorados y columnas 'salomónicas' o helicoidales, que se aplicaron también a los muebles). Es un estilo con tendencia a la exageración, la grandilocuencia, el efectismo y el patetismo[1].
Los temas preferidos son lo cotidiano y efímero, la vanidad y mortalidad que pasa del carpe diem al memento mori, la contraposición de beldad y fealdad, de miseria y excelencia, del ser y el parecer, de la simulación y la veracidad, de lo ilusorio y lo real, de lo mundano y lo espiritual; el engaño, el artificio, el escapismo, la sátira contra defectos y vicios.
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No tenemos noticia de que exista un estudio concreto y detallado sobre rasgos barrocos en la literatura bizantina. Si es así, pensamos que podemos hacer una aportación mediante un análisis de algunas obras de Teodoro Pródromos, polígrafo del s. xii, en comparación con los rasgos generales del estilo barroco.
El marco de la producción de Pródromos es el de la época de la dinastía de los Komnēnoí o Comnenos. En esa etapa
- a mediados del s. xii hay un auge de la literatura, posiblemente favorecido por mecenas que encargan todo tipo de producción;
- se inicia un gobierno centrado en pocas familias vinculadas por matrimonio que promueven el clientelismo como modo de distribución de los cargos públicos y del dinero: la literatura suele ser retórica y aduladora, pero alcanza el estatus de ‘profesión’. Resurge la novela, quizás como refugio ante la persecución de alguna filosofía; también la sátira. Hay mucho interés por la literatura griega antigua, con comentarios, reescrituras y adaptaciones;
- aparecen disputas filosóficas que se filtran en la literatura, generalmente con un resurgir de la forma dialogada, con un influjo condenado del pensamiento pagano platónico-aristotélico, acusado de herético (Miguel Psellós y Juan Ítalo);
- el erotismo invade la literatura en los ss. xi-xii[2];
- en el s. xii el estilo se torna al aticismo de la época helenística e imperial; hay una marcada tendencia a escribir en verso[3];
- aparece en la literatura el hablar de sí mismo, no sólo de otros: la propia experiencia de viaje o de situación socio-política, el propio sentimiento, incluso la autobiografía; florece el ‘yo’ quizás porque la comunidad comienza a deshacerse;
- hay una poesía renovadora; se estanca la himnografía; la poesía profana del s. x suele asumir rasgos de la himnográfica (estrofa, estribillo); especialmente en el s. xi la poesía incluye cuestiones cotidianas y situaciones sociales contemporáneas[4];
- aparecen obras en lengua popular o coloquial (Diyenís Akrítēs¸ Ptokhoprodromiká, Spaneas);
- el decapentasílabo invade la corte y la poesía ‘culta’.
En lo político-económico-social, durante los ss. xi-xii crece la producción, la exportación de manufacturas y monedas pero no del producto rural. Hay testimonios diversos de que, junto al poderío de algunas familias, como es frecuente en toda época, la gente pasa privaciones, salvo que logre el favor de algún mecenas.
En este contexto Teodoro Pródromos escribió numerosas obras, una novela en verso, discursos panegíricos, varias epístolas, obras filosófico-teológicas, comentarios literarios y filológicos, una gramática, una hagiografía, poemas, muchos de ellos satíricos y otros de petición, una monodia, dramas satíricos, una tragedia en vertiente satírico-fabulesca y varias sátiras[5]. Obviamente nos es imposible abarcar toda esta producción. Vamos a hacer referencia a los mimos, las sátiras y la tragedia satírico-fabulesca para intentar demostrar que en esos textos afloran elementos que podemos considerar barrocos.
La sátira en verso titulada La vieja libidinosa[6] se centra en una figura cuya vejez es tema también en otras obras del autor, como el mimo Amaranto o los amores de un viejo[7] y la sátira El viejo barbilargo que cree ser sabio por esto[8]. En ellas Pródromos, que vivió unas siete décadas, no critica la vejez en general sino ciertas actitudes que asumen personas viejas[9]:
- en el caso de la libidinosa, el hecho de que ella no acepte su situación y pretenda comportarse como una jovencita, vestirse y adornarse como tal y con un modo de vida lejano de la moderación esperable para su edad;
- en el caso del viejo Stratoklės, cuya situación cuenta Amaranto, se trata de un filósofo que cambia de repente su modo de pensar y sus afirmaciones habituales, para intentar rejuvenecerse y desposar, a cambio de dinero, a una jovencita, como si él fuera un muchacho, lo que provoca el asco de la joven y el asombro de los discípulos y conocidos;
- en el caso del barbilargo, Pródromos censura que el personaje construya su supuesta sabiduría a partir de la apariencia convencional del filósofo y del literato.
En todo esto, nos parece claro que Pródromos plantea la oposición del ser y el parecer: soy vieja pero me percibo y me disfrazo de joven; soy viejo pero actúo y me adorno como un joven novio; no soy sabio pero quiero parecerlo por el mero hábito exterior.
Para censurar esto, el autor bizantino recurre a otro rasgo 'barroco' que es la presentación de la fealdad, de la vejez, mediante descripciones hiperbólicas, sarcásticas e incluso grotescas, donde abundan las imágenes visuales, táctiles y olfativas. Por ejemplo:
¡Oh vieja sucia,...
arruga fláccida y podredumbre de tiempos de Crono!
¡Oh vieja impúdica, oh anciana licenciosa,
5 que te muestras lasciva y cachonda y engreída!
¡Oh vieja lúbrica, báquica, salvaje ménade!
¡Oh vieja sucia, tres veces el 'vieja' y también cuatro,
reverenda pentacorneja, podrida anciana!
¡Piélago atlántico, profundidad egea,
10 Ponto, Propóntide, boca oceánica...
¡Oh pantano de barro y profundidad de fango,
(La vieja... 1-14)[10]
Entre los versos 19 y 34 la descripción sarcástica se centra en que la vieja es canosa, con cabellos demasiado teñidos, desdentada, pálida, muy maquillada, mal oliente, de piel dura, legañosa, arrugada, gotosa, encorvada; y sigue una hipérbole en polisíndeton “¡Oh vieja, de nuevo vieja y de nuevo vieja y de nuevo!” (35); la llama escarabajo, excremento mezclado con miel, cerdo rociado con oro (65-70). Todo esto, patéticamente efectista, contrasta con una reflexión seria sobre el paso del tiempo y lo adecuado a cada época (vv. 37-64), en la que contrapone lo natural (cultivos, vino) con la actitud de la vieja quien, en la inminencia de la muerte, parece no hacer un memento mori sino que, con simulación, artificio e ilusión, se conduce como una joven y pretende amores y se viste y adorna como una meretriz: tiene sensualidad exacerbada, maquillaje extravagante e ineficiente, ropa y ornato inadecuados, busca amantes sin cesar, en un constante carpe diem. Hay un enfoque barroco que apunta al desacuerdo entre ser y parecer y entre el ser y el deber-ser, centrado en la inadecuación entre edad y conducta, en el disimulo o fingimiento asociado al engaño y en el peligro de su actitud. El texto apoya esta crítica sarcástica en hipérboles, como que es inútil perfumar todo su cuerpo (67), la vieja es como un lechón rociado con oro (69), tiene defectos físicos que gritan más que Sténtores (93), hasta Cérbero debilitará su boca ante tal fealdad (102).
La sátira Contra el viejo barbilargo que se cree sabio por esto insiste en el tema barroco de las apariencias. Este señor cree que la mera barba lo hace sabio o filósofo o intelectual en sentido amplio (cfr. vv. 30-32), lo cual implica un posible autoengaño pero ciertamente una pretensión de engaño, como cuando Stratoklės decide cambiar su aspecto 'filosófico' para parecer joven. De modo similar al caso de la vieja libidinosa, la voz autoral censura que el personaje sea un “viejo decrépito” (3) con “olor a cabrón” (4), con bigotes enormes (5) y una joroba (9) cuya hiperbólica causa es que "la barba inclina tu cuello / siendo mucha y de peso no mesurado" (10-11), a tal punto que para cortarla necesitaría usar navajas, tijeras, hachas, espadas, cuchillos y sierra (14-15). La hipérbole lleva a que califique de “infinita” a la barba (53, 65) y que invoque al viejo con diversos improperios (3, 8, 12, 13, 21, 27, 30, 59, 61, 101). Insiste el 'yo' de la narración en que el viejo debe cortarse la barba porque es desordenada e inútil, no asegura la sabiduría; por el contrario, la prosopografía (apariencia exterior) queda contrapuesta a la etopeya (carácter interior) como contradictoria, porque quien cree ser sabio por la sola apariencia no puede ser sabio, tenga el aspecto que tenga.
Sin vínculo con la vejez, aparece también el engaño en la sátira Ignorante o el que se dice profesor[11], cuyo personaje asume actitudes de supuesto sabio docente, y en Fanático de Platón o curtidor[12], donde el personaje criticado finge ser un filósofo platónico cuando merecería ser solamente un curtidor.
En el caso de Ignorante, es muy actual que el discurso destaque que no por sólo pensarse o percibirse algo uno lo es (sector 3 a): hay que demostrar el saber y la valía; como todo en la Naturaleza, hay que probar qué se es (4 a). No hay ahorro de insultos y amenazas ni tampoco de burlas sarcásticas. Hacia el final (9-10) se da un momento clave del tema apariencia-realidad y ser-parecer, porque el autor comenta que el hombre se percibe rodeado de alumnos valiosos que lo elogian y se muestra con porte de intelectual, pero su hablar no resiste análisis. Para un griego, el acuerdo entre λόγος y ἔργον tiene alcances éticos; no se trata solamente de ser coherente para sí mismo sino también por las consecuencias que puede conllevar la incoherencia: en este caso, un falso profesor puede perjudicar a los alumnos, a sus padres, a los colegas. Se busca entonces reflexionar sobre una realidad posible: la de construirse una reputación mediante la 'imagen', mediante la apariencia y el marketing, como se diría modernamente; y meditar sobre los peligros que conlleva el dejarse seducir por ella.
En el caso de Philopláton, se trata de una crítica al que finge ser intelectual (29-37) y cree que con poco esfuerzo se logra saber de filosofía. En época de Pródromos el platonismo seguía vigente en pensadores como Miguel Psellós y Juan Itálico; pero seguramente había también, aunque la observación tiene aplicación intemporal, como en toda sátira, quien quisiera aparentar ser un platónico. Hay en el texto mucha ironía y sarcasmo (cfr. 58 ss., 71 ss.), que podrían resumirse en la pregunta retórica “¿a quién le podrías parecer ser un filósofo, si también él no fuera como tú un carnero mocoso?” (121-2). La opción del título de la obra, Curtidor, es la mención de un oficio artesanal, muy diverso del ejercicio de la filosofía, para aludir así al fingimiento del personaje denostado, contra quien el discurso es agresivo, ridiculizante y despectivo. Aquí se insiste en la incoherencia entre actitud y realidad, el fingimiento en pos de la mera apariencia. Se percibe que el intelectual Pródromos defiende su posición de tal como algo cuya conquista es el fruto del talento combinado con el esfuerzo.
En Verdugo o médico se censura el fingir ser un médico cuando se es un peligroso charlatán que tortura a la gente, con escasa preparación y actitud cruel. Aunque rescata a los verdaderos médicos, Pródromos insulta de todas formas a los falsos con quienes hay que entablar una "guerra" (cfr. 60, 66, 83). También aquí aparece la hipérbole satírica de gusto barroco, como la equiparación de los médicos con cavadores, tintoreros y curtidores (19-40), el diminutivo irónico “cuchillito” (51), el presentar al agente de salud como una persona diminuta con un enorme utensilio (104-106) o cual un pigmeo que actúa como si tuviera cien manos y cien brazos; también el usar abundantes comparativos y superlativos con tono sarcástico despectivo, a los que se suman neologismos y hápax.
Mencionamos ya el mimo Amaranto o los amores de un viejo. En otro mimo, Venta de vidas de poetas y de hombres públicos, estos poetas y hombres públicos que son puestos a la venta aparecen como ‘vivos’, aunque no lo están, y se creen merecedores de fama y de buen precio. También allí, aun cuando el marco es mítico porque los vendedores son Zeus y Hermes, se nos ofrece el absurdo de la realidad ocultada por la ilusión aparente: si bien hay un elogio de personalidades antiguas y aunque su fama perviva a través de sus obras, ellas están muertas, no pueden ser vendidas y nadie puede adquirirlas para sí como una mercancía. Es, pues, barroca la presentación de lo efímero, de la vanidad y de la mortalidad propiamente humanas.
En todas estas obras hay un abundante empleo de recursos retóricos y una grandilocuencia dada por las exclamaciones de indignación que llevan incluso al deseo de condena y daño del personaje criticado.
Marciniak[13] cita un pasaje del texto de Pródromos “Sobre los que blasfeman contra la Providencia” (PG 133: 1296), en el que Teodoro señala cómo la hipocresía engaña a la gente y se burla de ella[14]. Y en p. 142 menciona que Eustáthios de Tesalonica, contemporáneo de Teodoro, compuso un tratado Sobre la simulación (Περὶ ὑποκρίσεως) en el que presenta las consecuencias morales de la falsedad, de la mentira y de las apariencias engañosas. Asimismo, Los apuntes del ratón (Σχέδη τοῦ μυός[15]), texto atribuido al mismo Pródromos, es una escena fabulesca que esconde una posible sátira a la mundanidad de los monjes. También los Ptokhoprodromiká, atribuidos a Mangáneios Pródromos, ofrecen testimonios de la situación de pobreza de algunos (padres de familia, novicio, clérigo) frente a los lujos de otros. Y la Batrakomyomakhía, tragedia satírico-fabulesca, también puede ser vista como representación de la pobreza social bajo fuerzas opresoras[16]. Evidentemente, los temas de la realidad y la ilusión, del ser y del parecer, de la veracidad y el fingimiento, de lo efímero de la vida, de la mundanidad de las costumbres e incluso del disfrute del placer ante la cercanía de la muerte estaban muy presentes en la época, de modo que la de Pródromos es una temática barroca inserta en una forma estética clasicista.
Es necesario tener en cuenta las vicisitudes de la vida del autor: un militar que debió dejar su carrera por enfermedad, posiblemente viruela, que ejerció como intelectual en la corte imperial, seguramente debiendo competir con gente trepadora y menos valiosa, que sufrió la necesidad de contar con mecenas para eludir la pobreza, que decidió finalmente dejar la vida mundana y hacerse monje con el nombre de Nicolás. Todo esto pudo condicionar su enfoque barroco de la vida, en el sentido de reflexionar sobre aquellos temas mencionados. Hasta la condena de la barba excesiva y pseudointelectual puede tener vinculación con su vida, pues la viruela le hizo perder el cabello mas crecer la barba, según surge de una carta suya (cfr. PG 133: 1251-3). El haber llegado al menos a los setenta años, el tener tanta experiencia de sí mismo y de otros, también pudieron hacerle pensar en la vejez, el deterioro, la fealdad, la miseria humana, que pueden ser encaradas digna o indignamente y que interesaron a los barrocos.
Pero también hay que tener en cuenta que, en el arte de la música, por ejemplo, lo barroco es solamente un estilo muy ornado, rico en florituras como el trino, el trémolo, el puntillo, pero todo ello en medio de una concepción neoclásica de la música, en la que el adorno barroco disminuye la sobriedad y claridad clásicas. Análogamente, lo clásico de Pródromos es el uso de la koiné con sólo unos toques de rasgos sintácticos y léxicos bizantinos, también todas las referencias a autores desde Homero en adelante, con citas o alusiones, y a la mitología, en medio de una época y cultura cristianas: su obra y su entorno representan un cierto 'renacimiento' de la cultura clásica, una especie de ‘tercera sofística’[17]. Parece claro que Teodoro, sin dejar de estar en su tiempo, le hace un guiño a la Antigüedad (incluyendo en ésta lo que llamamos hoy “época imperial” y “el tardoantiguo”) para mostrarla como un modelo que se debería recuperar o, al menos, tener muy presente. Entre ese 'clasicismo' que incluyó labores filológicas, aparecen esta temática y este estilo barrocos, que creemos indudables y fruto de una reflexiva vivencia del yo y de la sociedad.
Ediciones y traducciones
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Notas
[1] La exageración y la exuberancia han sido señalados como rasgos de “barroquismo avant la lettre” en la poesía taroantigua: cfr. Hernández Lobato (2012) y Goldhill (2020). Para el caso de la literatura latina se habló de “estilo enjoyado”: Roberts (1989).
[2] Cfr. Bádenas de la Peña (2006).
[3] Cfr. Jeffreys (2009: 222-3).
[4] Cfr. Magdalino (2012).
[5] Sobre el problema de la autenticidad de las obras cfr. Kazhdan (1984), criticado parcialmente por Migliorini (2010: xvii-xix).
[6] Cfr. Cavallero (2023).
[7] Cfr. Cavallero (2022).
[8] Cfr. Cavallero (2023 b),
[9] La vejez parece haber sido motivo de burlas en el s. xii bizantino, según señalan Παπαδοπούλου (2005), Kulhánková (2014), o como aparece en Βίος καὶ πολιτεία δοκιμωτάτου καὶ σοφωτάτου γέροντος, poema de fecha entre el s. xii y el xvii: cfr. Wagner (1874: 277-303).
[10] Las traducciones son propias.
[11] Cfr. Cavallero (2021).
[12] Cfr. Cavallero (2022 b).
[13] Cfr. Marciniak (2020: 137).
[14] Seguramente Pródromos tenía presentes las críticas de Jesús a los fariseos y escribas “hipócritas”; cfr. Mateo 23.
[15] Cfr. Papademitriou (1969), Papathomopoulos (1979), Meunier (2016), Marciniak (2017).
[16] Cfr. Cavallero (2018, cap. 5).
[17] Sobre este concepto cfr. Kaldellis (2007: 225 ss.).