Schnirmajer, Ariela. “Modernismo en disputa: Rubén Darío frente al discurso médico, la fe y la prensa amarillista”. Anclajes, vol. XXX, n.° 2, mayo-agosto 2026, pp. 45-57.

https://doi.org/10.19137/anclajes-2026-3024


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ARTÍCULOS

Modernismo en disputa: Rubén Darío frente al discurso médico, la fe y la prensa amarillista

Ariela Schnirmajer 

Universidad de Buenos Aires

Universidad Nacional de San Martín

Universidad Nacional Arturo Jauretche

arielasuba@gmail.com

ORCID: 0000-0001-7409-3201

Fecha de recepción: 7/4/2025|Fecha de aceptación: 12/8/2025

Resumen: Se analiza el estatuto de la literatura modernista hispanoamericana y la figura del artista en el contexto del fin del siglo XIX a partir de dos textos de Rubén Darío difundidos inicialmente en la prensa: el cuento “El pájaro azul”, incorporado luego a Azul… (Santiago de Chile, 1888), y la crónica “Azul”, publicada en el periódico Tribuna de Buenos Aires en 1893 bajo el seudónimo de Des Esseintes. Se examinan los vínculos intertextuales de estas piezas con el discurso médico, el sensacionalismo periodístico y el discurso religioso, con el fin de mostrar cómo Darío propone la inserción del escritor en el mercado literario sin renunciar a una crítica de esos discursos dominantes. En este marco, la literatura se legitima como un discurso autónomo, al tiempo que se reconoce su fragilidad frente a las condiciones de la modernidad y del mercado cultural.

Palabras clave: Rubén Darío; Literatura hispanoamericana; Crítica literaria; Siglo XIX; Hispanoamérica.

Contested Modernism: Rubén Darío against medical discourse, faith, and the yellow press

Abstract:  This article analyzes the status of Spanish American modernist literature and the figure of the artist in the late 19th century, in two texts by Rubén Darío initially published in the press: the short story “El pájaro azul” (“The Blue Bird”), later included in Azul... (Santiago de Chile, 1888), and the chronicle “Azul,” published in the Buenos Aires newspaper Tribuna in 1893 under the pseudonym Des Esseintes. The article examines the intertextual connections between these pieces and medical and religious discourse, as well as journalistic sensationalism, in order to show how Darío argues for the insertion of the writer into the literary market while sustaining a critique of these dominant discourses. Within this framework, literature is legitimized as an autonomous discourse, while recognizing its fragility in the face of the conditions of modernity and the cultural market.

Keywords: Rubén Darío; Spanish American literature; Literary criticism; 19th century; Spanish America.

Modernismo em disputa: Rubén Darío diante do discurso médico, da fé e da imprensa sensacionalista

Resumo: Analisa-se o estatuto da literatura modernista hispano-americana e a figura do artista no contexto do final do século XIX a partir de dois textos de Rubén Darío difundidos inicialmente na imprensa: o conto “El pájaro azul” (“O pássaro azul”), posteriormente incorporado a Azul... (Santiago do Chile, 1888), e a crônica “Azul”, publicada no jornal Tribuna de Buenos Aires em 1893 sob o pseudônimo de Des Esseintes. Examinam-se os vínculos intertextuais dessas obras com o discurso médico, o sensacionalismo jornalístico e o discurso religioso, com o objetivo de mostrar como Darío propõe a inserção do escritor no mercado literário sem renunciar a uma crítica desses discursos dominantes. Nesse cenário, a literatura se legitima como um discurso autônomo, ao mesmo tempo que se reconhece sua fragilidade diante das condições da modernidade e do mercado cultural.


Palavras-chave: Rubén Darío; Literatura hispano-americana; Crítica literária; Século XIX; América Hispânica.

El proceso de modernización en las Américas tuvo profundos efectos en la sociedad y en la literatura hispanoamericanas hacia fin del siglo XIX. Rafael Gutiérrez Girardot señala tres de ellos: el crecimiento de las grandes ciudades, la incomprensión del artista en la sociedad burguesa y la secularización de la vida (“La literatura hispanoamericana” 496). Estos tres aspectos se interceptan en la prosa de Rubén Darío y generan, en muchos casos, resoluciones diversas y ambivalentes. Para los poetas devenidos cronistas, se trata de un momento de gran desamparo y desesperación por encontrar cierta estabilidad en las creencias sobre el estatuto de la literatura y sus prácticas, en un campo cultural y político en el que pugnaban por imponerse diversas formaciones discursivas. José Martí ha resumido el desasosiego que generaban los cambios en los escritores en su “Prólogo” al Poema del Niágara de Antonio Pérez Bonalde: “Nadie tiene hoy su fe segura. Los mismos que lo creen, se engañan. Los mismos que escriben fe se muerden, acosados de hermosas fieras interiores, los puños con que escriben (…) Todos son soldados del ejército en marcha. A todos besó la misma maga” (109). 

En ese contexto de rápidas mutaciones, los modernos encuentran en la prensa un espacio de subsistencia y, también, un medio en el cual calibrar la autoridad del discurso literario. En este artículo nos interrogamos acerca de cuál es ese estatuto en la modernidad. ¿Qué crédito se le atribuye a la palabra poética frente a los discursos de la psicopatología positivista y la religión? 

“El pájaro azul”, narración publicada en La Época, periódico de Santiago de Chile, el 7 de diciembre de 1886 y luego integrada al libro Azul… en 1888 y “Azul”[1], crónica del periódico Tribuna fechada el 15 de septiembre de 1893 bajo el seudónimo de Des Esseintes —el protagonista de Al revés de Joris-Karl Huysmans— coinciden en que han aparecido en la prensa al poco tiempo de la llegada de Rubén Darío a sus respectivos destinos: Chile, en el primer caso; Buenos Aires, en el segundo. También comparten el término “azul” en su titulado y podemos considerar a ambos textos como casos: una narración que adopta algunos rasgos del caso científico y culmina en un suceso policial, el primero; y el segundo, uno derivado del policial. También tienen en común la presencia del suicidio[2]. Los elementos policíacos y el estudio de caso indagan en una verdad; esta se encuentra dentro de las categorías heurísticas que explican el fenómeno patológico, un tipo de verdad que difiere respecto del verosímil literario. 

En “El pájaro azul”, el pobre, bohemio, soñador y melancólico Garcín se encuentra en París junto a un grupo también de bohemios, quienes frecuentan el Café Plombier. Si bien todos son poetas, Garcín se destaca del resto por su ingenio “que debía brillar” (206). La anécdota se concentra en el joven escritor, en cuya cabeza se halla alojado un simbólico “pájaro azul” que lo impulsa a la escritura poética y que, según el discurso alienista[3], es un síntoma de locura. El joven se encuentra impedido de acceder al dinero paterno derivado del comercio de telas, ya que la condición para recibirlo es la renuncia a la bohemia y la incorporación al mundo mercantil del padre, en cuya figura se tematiza el rechazo de la sociedad burguesa al ejercicio de la poesía vista como desperdicio. No se trata solamente del repudio paterno, sino de un mercado literario que no le da cabida a sus producciones: “Los editores no se dignan siquiera a leer mis versos” (95), expresa Garcín. La introducción de algunas afirmaciones del protagonista, de sus versos y de los dichos del narrador anuncia el desenlace que consiste en el suicidio del bohemio.

Como en otras narraciones de Azul..., Ángel Rama señala que Garcín parece ser un alter ego del joven Darío de los años chilenos, y la situación que se repite en estas narraciones se refiere a la del creador desatendido o despreciado por el poder material que, como señalamos, no reconoce el valor de su producto (Rubén Darío y el modernismo 97). Sin embargo, luego expresa que “en las narraciones de Azul… no se repite el dilema romántico del poeta-héroe enfrentado al mundo, sino que las aporías y matices complejizan la perspectiva”, aspecto que el investigador calibra en “El rey burgués”. Pensamos que “El pájaro azul” también participa de una serie de ambivalencias que se observan en un juego de acercamientos y distancias del narrador —un híbrido “nosotros” (Morán “El pájaro azul en tinta roja” 185)— al protagonista Garcín, que surcan las páginas de la narración en los momentos en los que la ficción se acerca al universo psicopatológico. 

Gabriela Nouzeilles ha analizado la gravitación del discurso médico en el fin de siglo y ha señalado que el modernismo apela a la retórica de la salud y la enfermedad, lo normal y lo patológico que disponía de un conjunto de estrategias discursivas con las cuales describir cuerpos enfermos, clases sociales, géneros sexuales y textos literarios.

La gran disponibilidad de esta tecnología de la descripción provenía de la paulatina medicalización de lo social que, desde mediados del siglo XIX, se fue imponiendo tanto en Europa y EE.UU. como en los nuevos estados latinoamericanos. El discurso médico se convirtió en modelo de conocimiento, de análisis y diagnóstico de las condiciones de la población y de los individuos en el proceso de modernización capitalista. (“Narrar el cuerpo propio” 151)

En el caso específico de Chile, Manuel Durán Sandoval sostiene que “el movimiento médico adquirió cada vez más importancia en los círculos gobernantes, influencia que se acrecentaría durante el gobierno de Balmaceda y la inauguración del primer encuentro médico en 1889” (“Medicalización y disciplinamiento” 132).

En el ámbito artístico, se produjo un cruce intertextual entre el discurso literario y el de la medicina por el que se intercambiaron un repertorio de metáforas, de formas de narrar y de posibilidades interpretativas. Frente al discurso estigmatizante de la medicina, que veía en los escritores seres degenerados y portadores de atavismos, los artistas, sobre todo los decadentes, efectuaron una apropiación reivindicatoria de lo patológico y la colocaron en la base de las causas que explican la genialidad del artista. José Luis Gamarra La Rosa (“El artista y el discurso psiquiátrico” 15) recuerda que el campo semántico de la enfermedad mental acompañó las figuraciones de Darío desde el inicio en su quehacer como cronista y poeta. En el “Prólogo” de Eduardo de la Barra a la primera edición de Azul, el crítico chileno se refiere al nicaragüense como un “temperamento artístico de gusto fino y refinado, casi diría aristocrático; neurótico y por lo mismo original” (“Prólogo” III). En esta misma línea, Andrea Kottow expresa que “el modernismo muestra un gusto por el exotismo y por situaciones límites, indaga en lo morboso y lo excelso, poniendo en crisis los valores de salud y masculinidad positivistas que apoyan los discursos modernizadores” (“Introducción. Deseo de Modernidad” 20) y ejemplifica con el cuento “El palacio del sol”, incluido en Azul... de Rubén Darío. Al respecto, la investigadora argumenta que, en esta producción, el narrador pone en cuestión las terapias formuladas por la medicina, ya que no logran curar a las niñas enfermas, dado que la crisis que transitan supone una patología que se sitúa en la propia cultura y no en los cuerpos de las féminas sufrientes (“Introducción. Deseo de Modernidad” 20). Nos interesa su reflexión, ya que nos introduce en los conceptos de salud/enfermedad en las narraciones de Azul… y en los cuestionamientos y ambivalencias que surcan sus páginas. 

Proponemos que, por un lado, el narrador de “El pájaro azul” se distancia del discurso patologizante que ve en Garcín a un loco monómano y, para ello, ironiza sobre los métodos científicos de la medicina mental. En esta misma dirección, confluye en los dichos del protagonista, quien se ve como neurótico. No obstante, al mismo tiempo, el narrador “ridiculiza”, en términos de Sonia Mattalía (“El canto del ‘aura’: autonomía y mercado literario” 286) o “menosprecia”, según Christian Sperling (La narrativa modernista en México 112), a Garcín y, en este punto, se deslinda de la resolución que el personaje efectúa por el suicidio en el desenlace y que, leído desde la perspectiva de Francisco Morán, implica “la autonomía de lo ‘literario’ y, al mismo tiempo, supone su pérdida” (“El pájaro azul en tinta roja: modernismo y sensacionalismo” 187, 188). En suma, sostenemos que en “El pájaro azul” se observa una orientación hacia un discurso literario que se vuelque al mercado —espacio de circulación irrenunciable— y que, al mismo tiempo, ponga en tensión el discurso psicopatológico y se apropie de procedimientos propios del amarillismo[4]

En “El pájaro azul”, el discurso literario recurre al campo de la medicina mental. En un primer momento, lo curioso es que este se inserta en un fragmento en el que el narrador enuncia los principios poéticos del poeta bohemio, que son los siguientes: una elección por materiales duros vinculados al parnasianismo, la fémina como elemento impulsor de la poesía y la reivindicación de la enfermedad como elemento distintivo. Interesa la disposición de las oraciones en el blanco de la página:

             De las flores, las lindas campánulas. 

              Entre las piedras preciosas, el zafiro. 

              De las inmensidades, el cielo y el amor; es decir, las pupilas de Niní. 

              Y repetía el poeta: Creo que siempre es preferible la neurosis a la estupidez.
              (“El pájaro
 azul” 94) (la cursiva nos pertenece)

La apropiación de un término de la medicina —la neurosis— no solo se produce en un texto metapoético, sino que también se lo incorpora a través de una forma paradigmática del ámbito literario que es la poesía o, para ser más precisos, el poema en prosa. Nos explicamos.

Entre las fuentes literarias de “El pájaro azul”, Ricardo Llopesa registra la novela Escenas de la vida bohemia de Enrique Murger y señala que su gravitación se halla, entre otros elementos, en la utilización de párrafos breves. El investigador expresa: “En ningún otro cuento de Azul…, como en éste, Darío hace uso de una estructura que ni siquiera llega a la línea y que más bien produce la impresión de querer ordenarlas a modo de poema” (“Las fuentes literarias de «El pájaro azul» de Rubén Darío 19) (la cursiva nos pertenece). Luego ejemplifica este aspecto con las líneas del programa metapoético previo que acabamos de citar de “El pájaro azul”. De las reflexiones de Llopesa me interesa el hecho de que, en el fragmento analizado, en el que se introduce un término vinculado al ámbito médico, se lo imbrica en la forma del poema en prosa. De esta manera, podemos leer en el uso de la forma que la narración fagocita a la medicina y produce una reivindicación del métier literario. 

En una segunda oportunidad, se alude en “El pájaro azul” al vínculo entre arte y locura a través del dictamen de un alienista: 

Hubo algunos que llegaron a creer en un descalabro de la razón. Un alienista a quien se le dio la noticia de lo que pasaba calificó el caso como una monomanía especial. Sus estudios patológicos no dejaban lugar a duda

Decididamente el desgraciado Garcín estaba loco. (94) (La cursiva nos pertenece)

El narrador efectúa una representación irónica del facultativo, quien sin ver al paciente y guiándose por una información indirecta, determina la insania de Garcín y arroja el diagnóstico de “monomanía” que, según el Diccionario de la Real Academia Española de 1884, corresponde a una “locura o delirio parcial sobre una sola idea o un solo orden de ideas (s/p). La reiteración que efectúa el narrador acerca de la infalibilidad del método y la inexistencia de algún otro discurso que ponga en duda el diagnóstico del profesional enfatizan su distancia irónica[5].

Frente a las representaciones valorizadoras de Garcín y críticas del discurso psiquiátrico, nos detenemos en la fragmentación de la narración en cuadros que se suceden en forma rápida, en los que el narrador señala comentarios sobre Garcín y, en el desenlace. Observamos entonces que, por una parte, el enunciador ironiza acerca del discurso psicopatológico que ve en Garcín a un loco e introduce, por contraste, fragmentos esteticistas derivados de las lecturas del poeta. Sirva de ejemplo el segundo caso analizado o, bien el siguiente fragmento: “Allí había un cielo muy hermoso, una campiña muy fresca, países brotados como la magia de pincel de Corot” (95). No obstante, al estilo esteticista que evocan las composiciones poéticas del bohemio le sigue el amarillismo con el que se relata su suicidio: “Él estaba en su lecho, sobre las sábanas ensangrentadas, con el cráneo roto de un balazo. Sobre la almohada había fragmentos de masa cerebral” (96). En su cadáver se encuentra el final del poema que Garcín había iniciado. En este punto, el desenlace revela que la libertad absoluta del poeta solamente es posible en la muerte y aquí coincidimos con Francisco Morán. La ironía consiste en que el deseo de Garcín por rehuir al orden burgués y normalizado se ve derrotado, pues su muerte se narra a través del discurso de la crónica roja o de “sucesos” y, en la elección de la forma, el narrador ubica a Garcín en el centro del materialismo que tanto detestaba. En este caso, podemos pensar que el discurso amarillista fagocita al literario. 

“Azul” en el cruce de discursos 

“Azul” ocupa el segundo lugar dentro de una serie de tres textos darianos, publicados de forma sucesiva por Tribuna, cuya formulación articula el motivo religioso. El primero, “Cátedra y tribuna”, está fechado el 14 de septiembre de 1893 y Darío se lo dedica al doctor Celestino Pera, presbítero que había dado una conferencia en el Ateneo de Buenos Aires, síntoma de la creciente presencia de la Iglesia católica en los ámbitos culturales y políticos de la nación a partir de la década de 1890 (Lilia Bertoni, “¿Estado confesional o estado laico?” 45-70). Recordemos que El Ateneo se había creado en 1892 y nucleaba a hombres de letras, pintores y escultores de tendencias muy heterogéneas. El reconocimiento dariano a Pera se ve no solo en la dedicatoria, sino también en el titulado; este coincide con el lema de la disertación del sacerdote, cuestión que advertimos tras consultar Tribuna. El segundo texto, “Azul”, se publica al día siguiente, el 15 de septiembre y el tercero, “Palimpsesto”, el 16. Sabemos que el sacerdote fundó la revista católica Artes y Letras, que apareció entre 1892 y 1894, donde Darío publicó “El rey burgués”, “Sor Filomela” y su necrológica de Julián del Casal. Artes y Letras incluye tópicos que exceden la esfera religiosa. Pera tuvo un momento de centralidad, cuando fue propuesto para el obispado de Salta. Sin embargo, Roma rechazó su candidatura debido a, según Susana Shirkin, “sus modales ´alaicados´ y su afición al teatro” (“Iglesia vs. teatro y teatristas” 3, 4). La Santa Sede estaba también al tanto, siguiendo a la investigadora, de su amistad con Darío, a quien se lo consideraba cercano a círculos masónicos europeos y americanos (4). Con todos estos elementos, es posible señalar el interés del poeta y cronista nicaragüense —recién llegado al ámbito porteño— por ampliar sus redes de sociabilidad: Darío se recorta como una figura con una idea clara acerca de la profesionalización del escritor y la búsqueda de nuevos espacios donde publicar y de los cuales vivir. 

Consideremos la vinculación del artículo “Azul” en Tribuna con “El pájaro azul” e interroguémoslo a partir del diálogo que establece el discurso literario con la retórica de la enfermedad y con el credo cristiano, pensado este último en su carácter arqueológico, es decir, considerado como aquello que constituye el basamento de una sociedad. 

Suerte de crónica-ensayo, para comprender la trama de “Azul” es preciso recurrir a las gacetillas de Tribuna, indicación que figura en el incipit de la entrega periodística: “Dios eterno! Qué mano ha escrito ayer entre las gacetillas de La Tribuna el evangelio de la desesperación?” [sic] (1, columna 5), cita en la que ya advertimos la presencia del campo semántico del credo cristiano. Se trata de un suceso policial, un fait divers. La gacetilla retoma la información de un diario de la mañana donde se alude al suicidio de dos individuos que no superaban los veinticinco años y se señala que “la humanidad está enferma: la vida es un mal y ve en la muerte a su libertador”, aspecto que Des Esseintes discutirá en su entrega periodística.

Imagen 1. Gacetilla de Tribuna

Imagen 2. Gacetilla de Tribuna

Recordemos con Vanessa R. Schwartz, retomada por José Ismael Gutiérrez, que el género del fait divers va perfilando sus particularidades y su alcance difusor en el transcurso del siglo XIX. En un principio, se presenta como 

una rúbrica periodística popular que reproducía con extraordinario detalle representaciones, tanto escritas como visuales, de una realidad sensacional (…). Claramente demarcadas del resto del periódico por una barra en la parte inferior de una página, estas narraciones (…) se basaban a menudo en historias periodísticas reales (…). (Schwartz 90)

El texto dariano polemiza con la gacetilla a través de la hipótesis de que esta, en lugar de buscar “curas” para la sociedad, avala el suicidio. En cambio, el cronista argumenta que la rehabilitación de los individuos se encuentra en la comunión entre el discurso religioso y el poético; el “catecismo” y la palabra esperanzadora de los escritores son los responsables de dar batalla a lo negro y enarbolar el “Azul”. Sorprende a primera vista la referencia al catecismo. No obstante, hay que recordar que Rubén Darío ha tratado de unir la modernidad con la tradición. Cuando en Prosas profanas emplea elementos de la religión cristiana con un sentido erótico, es posible pensar que no busca una ruptura con el cristianismo, sino su modernización, una manera de salvar al cristianismo en el mundo moderno[6]. En esta línea, leemos la veneración dariana por el papa León XIII, a quien Vargas Vila llamaba “esa momia de cera y talco”. Muchas corrientes y escuelas esotéricas en la Francia del fin de siglo intentaron experimentos similares. Algunos de ellos se describen en la novela de Huysmans, Allá abajo (1891). De hecho, Rubén Darío tenía una admiración inmensa por el novelista francés. 

Para polemizar con la posición de la gacetilla, el texto combina el campo semántico del credo católico, la retórica de la enfermedad e incorpora referencias intertextuales provenientes de la esfera literaria. Después de referirse al “evangelio de la desesperación”, el corresponsal expresa: “y para que el hombre busque los halagos de aquella hembra ‘que, única en el mundo, no tiene pechos’, como escribió Matías Behety, es preciso que en su alma no quede ya ni una chispa de la divina luz de la esperanza” (“Azul” 1, col 5). La hembra sin pechos remite a la muerte; la referencia aparece en un poema en prosa de Matías Behety, poeta “maldito” argentino, a quien un periódico francés dedicó un largo artículo en 1890 y que puede ser una de las fuentes a las que recurre el corresponsal para introducir la referencia en “Azul”. El cronista se separa de visiones pesimistas sobre la modernidad y, en este punto, es posible hacer una lectura diacrónica de la obra dariana a partir de los signos de puntuación. Jaime Concha sostiene en “Los Cantos… darianos como conjunto poético” que en Azul…, el libro publicado en 1888, los puntos suspensivos apuntaban al cielo y “significaban alturas, expansión, el llamado del Ideal” (54) y en el poema “Lo fatal” que cierra Cantos de vida y esperanza, los tres puntos son “la confrontación con la tumba” (54). En ese trayecto, consideramos que un sitio intermedio es la crónica-ensayo “Azul” que estamos analizando, que en su titulado carece de puntos suspensivos y expresa un optimismo basado en la figura del escritor como portador de respuestas, separándose de las encarnaciones suicidas en el ámbito literario, tanto en esta crónica “Azul” como en “El pájaro azul”. 

La crónica “Azul” está próxima a la publicación de la crónica-retrato destinada al comentario crítico de Degeneración del médico austrohúngaro Max Nordau. El texto se publicó el 8 de enero de 1894 en el diario La Nación de Buenos Aires bajo el título de “Manicomio de artistas —Degeneración— la última obra de Max Nordau”. El título evidencia el potencial irónico de una imagen patológica de los escritores plasmada en el término “manicomio”. En la crónica-retrato, Darío demuele la episteme del discurso médico-psiquiátrico aplicado al dominio del arte y de la literatura. Ahora bien, si en dicha reseña Darío niega los discursos normalizados, ¿cómo entonces interpretar que en “Azul” proponga que el escritor sea uno de los que cure a la humanidad? 

En este punto, la crónica-ensayo “Azul” es un testimonio de la injerencia del discurso médico-positivista en el periódico. Se puede pensar que en la crónica-ensayo, Darío realiza una concesión a los dichos de Max Nordau en su propio beneficio. Si toda la humanidad está enferma —como versa la crónica-ensayo “Azul”—, el poeta, entonces, se distingue del resto por el grado de insania. En este punto, en “Azul”, el escritor es aquel que, invirtiendo la genialidad patológica que ve Nordau en el poeta, puede curar. De esta manera, la inversión del modelo del médico austrohúngaro le permite a Darío la creación de un nuevo espacio para la función del escritor. 

Del recorrido realizado en este artículo, podemos concluir que, tanto en “El pájaro azul” como en “Azul”, el estatuto de la literatura se conforma a partir de la pugna con otros discursos sociales que son el alienista, la polémica con la prensa amarillista y la alianza con el discurso religioso. En esas recolocaciones, Darío apuesta a que la literatura se inserte en el mercado y desde allí formule sus críticas. Para ello, uno de los caminos es apropiarse de todas estas formaciones discursivas. Las posiciones asignadas a quienes no logran integrarse a la sociedad y, en consecuencia, al mercado —ya se trate del bohemio-suicida o de los suicidas no bohemios— no solo se apartan de cualquier forma de heroísmo, sino que además implican una pérdida para la construcción y legitimación del discurso literario.

Referencias bibliográficas

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Notas

[1] Las transcripciones de “Azul” y la gacetilla que se cita más adelante en este artículo forman parte del periódico Tribuna y se enmarcan en la edición crítica que estamos efectuando en el contexto del proyecto UBACYT 2023 “Fundaciones de un discurso latinoamericano (in)dependiente en el Río de la Plata”. Código: 20020220400328BA dirigido por Ariela Schnirmajer y codirigido por Vanina María Teglia.

[2] En “El pájaro azul”, de Rubén Darío, el protagonista Garcín es considerado un loco por contener un pájaro en su cerebro. Christian Sperling explica que en el siglo XIX era habitual que los cuentos de locos se relacionaran con otros géneros literarios y con otras disciplinas, entre ellas, el relato policiaco, forma literaria que surge con la obra de Edgar Allan Poe; y el estudio del caso médico, modo de escritura que legitima el enfoque científico y se halla en la narrativa naturalista (“La construcción narrativa en los cuentos de locos en el modernismo mexicano” 31).

[3] Alienista: “dicho de un médico. Dedicado especialmente al estudio y curación de las enfermedades” https://dle.rae.es/alienista  Ricardo Llopesa señala que en “El pájaro azul”, Rubén Darío hace uso de varios galicismos sintácticos y verbales (1990, p. 22). Entre ellos, Llopesa expresa que “alienista” es galicismo verbal pues se trata de un vocablo francés castellanizado.

[4] Sobre la contaminación de la crónica modernista con la prensa amarilla, véase Colombi 2023. 

Siguiendo a Santiago Mayochi, el uso del término amarillismo debe comprenderse en relación con el proceso de modernización que experimentó el periodismo estadounidense a fines del siglo XIX. El crecimiento de la población urbana y la incorporación de nuevas tecnologías de producción y transmisión de noticias favorecieron la expansión de la prensa, que comenzó a organizarse como una empresa comercial sostenida por sus ventas y orientada a captar un público masivo. En este marco, la competencia entre diarios se intensificó y dio lugar a estrategias editoriales destinadas a maximizar la circulación. Según explica Mayochi, la denominación amarillismo se consolidó en el contexto de la disputa comercial entre William Randolph Hearst y Joseph Pulitzer, cuyas publicaciones —el New York Journal y el New York World— adoptaron prácticas periodísticas basadas en el sensacionalismo y la explotación de hechos llamativos. La circulación simultánea de la tira cómica The Yellow Kid en ambos diarios contribuyó a la identificación de este estilo periodístico, y fue a partir de esta coyuntura que el término yellow press comenzó a utilizarse para designarlos, difundiéndose rápidamente en la prensa estadounidense hacia fines de la década de 1890. (“La prensa amarillista y la prensa tradicional en la guerra hispano-estadounidense (1898)” 18).

[5] El dispositivo alienista también ingresa en la vida cotidiana en México y es objeto de sátira en varias crónicas de Amado Nervo; entre ellas mencionamos “Las monomanías”, en donde el corresponsal recurre a la hipérbole para señalar en cualquier conducta cotidiana un indicio de locura. La larga enumeración de ámbitos, personajes y actitudes completamente disímiles pone en tela de juicio la posibilidad de clasificar los fenómenos considerados de locura.

[6] Esta observación entra en sintonía con la perspectiva de Harvey Cox en La ciudad secular, en la que señala que el nombre de Dios sigue teniendo sentido para el hombre secular.