Ruiz, María Julia. “‘Y lo de viejo, sintiéndolo mucho’. Ambigüedad, vejez, tono y ¿pose? en ‘Sintiéndolo mucho’ de Joaquín Sabina”. Anclajes, vol. XXX, n.° 3, septiembre-diciembre 2026, pp. 135-50.

https://doi.org/10.19137/anclajes-2026-3028


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DOSSIER

“Y lo de viejo, sintiéndolo mucho”. Ambigüedad, vejez, tono y ¿pose? en “Sintiéndolo mucho” de Joaquín Sabina

María Julia Ruiz

Universidad Nacional del Litoral

Argentina

julitaruiz@gmail.com

ORCID: 0000-0002-1232-6919

Fecha de recepción: 19/02/2026 | Fecha de aceptación: 06/04/2026

Resumen: Desde la publicación del disco Lo niego todo (2017) hasta la actualidad, la vejez como tópico ha adquirido un espacio central en la poética de Joaquín Sabina, la cual ha permitido diseñar nuevas aristas de la imagen de autor. Pero la vejez no opera exclusivamente en este proyecto autorial como la manifestación de una edad biológica, sino que funciona también como una maquinaria productora de nuevas ficciones. En esta ocasión, abordaremos la canción “Sintiéndolo mucho” (2022) –cortina musical de la película homónima de Fernando León– desde la plataforma que nos ofrece la vejez entendida en términos de cierre o clausura de un proyecto autorial. Esta vejez encuentra, paradójicamente, en los espacios liminares de una voz que se enuncia en retirada, un campo fértil para la producción de nuevas creaciones artísticas y para la consolidación de una mitología singular alrededor del personaje de autor.

Palabras clave: Joaquín Sabina; Vejez; Proyecto autorial; Canción de autor; Poesía española.

“Y lo de viejo, sintiéndolo mucho”. Ambiguity, Old Age, Tone and Pose? in “Sintiéndolo mucho” by Joaquín Sabina

Abstract: Since the release of the album Lo niego todo (2017) up to the present day, old age as a topic has acquired a central space in Joaquín Sabina's poetics, allowing for the construction of new facets of his authorial image. However, old age does not operate exclusively in this authorial project as the manifestation of a biological age, but also functions as a machinery for producing new fictions. On this occasion, we will approach the song "Sintiéndolo mucho" (2022) —the theme music for the eponymous film by Fernando León— from the platform offered by old age understood in terms of the closure or ending of an authorial project. Paradoxically, this old age finds a fertile ground for the production of new artistic creations and for the consolidation of a singular mythology surrounding the authorial persona in the liminal spaces of a voice that declares itself to be in retreat.

Keywords: Joaquín Sabina; Old Age; Authorial Project; Singer-songwriter Music; Spanish Poetry.

“Y lo de viejo, sintiéndolo mucho”. Ambiguidade, velhice, tom e ¿pose? em “Sintiéndolo mucho” de Joaquín Sabina

Resumo: Desde a publicação do disco Lo niego todo (2017) até a atualidade, a velhice como tópico tem adquirido um espaço central na poética de Joaquín Sabina, o que tem permitido delinear novas facetas de sua imagem autoral. Contudo, a velhice não opera exclusivamente neste projeto autoral como a manifestação de uma idade biológica, mas funciona também como uma máquina produtora de novas ficções. Nesta ocasião, abordaremos a canção “Sintiéndolo mucho” (2022) – a música-tema do filme homônimo de Fernando León – a partir da plataforma oferecida pela velhice entendida em termos de fechamento ou clausura de um projeto autoral. Paradoxalmente, esta velhice encontra, nos espaços liminares de uma voz que se anuncia em retirada, um campo fértil para a produção de novas criações artísticas e para a consolidação de uma mitologia singular em torno da personagem do autor.

Palavras-chave: Joaquín Sabina; Velhice; Projeto autoral; Canção do autor; Poesia espanhola.

Introducción[1]

En un artículo del suplemento “Radar” del año 2008 titulado “Los viejos punks” Mariana Enríquez abordaba la vejez de Nick Cave y se preguntaba “cómo envejecer sin ponerse solemne y respetable” (Del otro lado 90). Para ello, analizaba el disco del año 2007 que Cave grabó con una banda paralela a su proyecto, en el cual “el grueso de las canciones cargaban con furia contra la madurez aunque abrazándola (¿qué remedio?): pura rabia ante la muerte de la luz tal como la que pedía Dylan Thomas” (90). A esa rabia que porta el álbum, la escritora argentina sumaba también como recursos que arremeten contra la vejez a la erotomanía —en la dificultad del hombre maduro de conseguir mujeres jóvenes— y el uso del humor. De esta manera, Enríquez afirmaba que “su modo de entrar en la madurez no es el del prócer respetable, porque en algún lugar sigue siendo un chico intoxicado y autodestructivo pero lleno de talento … no entra como señor digno, sino como un viejo loco” (92).

Esta mirada de Enríquez sobre Nick Cave puede servir como parangón a la pregunta sobre cómo entra en la madurez Joaquín Sabina. Y en este sentido cabe destacar que el propio cantautor afirma no haber ingresado en ella, sino que “He pasado de la adolescencia a la vejez sin pasar por la madurez” (Sabina “He pasado” pár. 9). En este saltarse lúdicamente etapas biológicas, ingresa a la vejez presentándose a sí mismo como un personaje disruptivo, un autoperformer (Pavis) que cuestiona el tiempo y las formas normadas de concebirlo. Entra en la vejez también como un “viejo loco” (Enríquez 92), pero su locura radicaría en la quijotesca capacidad de funcionar a contracorriente de las normas y lo establecido, como lo ha realizado en todo su proyecto autorial (Ruiz “Las edades” ).

Caracterizado desde sus inicios como un personaje ambiguo, rebelde, a contracorriente de las normas y los convencionalismos, Sabina encuentra en la vejez[2] un espacio donde seguir produciendo ambigüedades[3] tanto en su obra como en su figura autorial. En primer lugar, destacamos este gesto en el tono de su poética, construida desde el humor melancólico y exacerbada en las últimas producciones. En segundo lugar, referimos a la capacidad de construir y habitar un tiempo propio: un tiempo no crononormado, lúdico, libre, infantil y hasta fantástico. En tercer lugar, vislumbramos la contradicción que manifiesta la voz liminal de su personaje de autor avejentado y en retirada frente a las ficciones futuras que manifiesta y las potencialidades de una temporalidad estirada. Todos estos elementos que producen ambigüedad y contradicción —en la obra y en el personaje de autor— encuentran en la categoría de temporalidad disruptiva (Ruiz “Las edades de Joaquín”) una plataforma de abordaje teórico que permite analizar las distintas operaciones que se producen en las diversas producciones artísticas del cantautor.

Nos detendremos en la canción “Sintiéndolo mucho”, cortina musical del film homónimo dirigido por Fernando León (Sintiéndolo mucho) para analizar cómo la vejez opera en términos de una voz liminal en retirada y como laboratorio de escritura (Premat), lo que permite la proliferación de nuevas ficciones de obra y de su personaje de autor. Asimismo, nos apoyaremos en el videoclip de aquella cuando sea oportuno reafirmar cuestiones de índole visual que refuerzan la imagen y postura autorial del cantautor[4].

La vejez como plataforma, clausura, potencia

El humor melancólico como tono

Daniela Fumis y Germán Prósperi (“Presentación: infancia y vejez”) en sus abordajes teóricos conjuntos y por separado —Fumis (“Tiempo de-más”) y Prósperi (“Queda esto”), planteaban que la vejez, al igual que la infancia, opera como plataforma de abordaje a los textos literarios, y puede plantearse de diversas formas: 1) como figuración o tema; esto es, cuando en la literatura aparecen personajes de determinadas franjas etarias (viejos, niños) o cuando esas franjas se tematizan de alguna manera; 2); como ficción teórica, es decir, cuando la infancia o la vejez producen una interrogación o un determinado saber sobre su propio estatuto, cuando sucede un hecho particular de lenguaje, cuando intervienen en el discurso de manera sorpresiva, irrumpen o interrumpen y generan diversos efectos; 3) como figuraciones de apertura o de cierre, esto es, en el caso de la vejez, “imaginarios de un final … que las ficciones habilitan, lo cual da lugar a la presencia de tópicos tales como la muerte, el fin, la desaparición u otros modos de decir el cierre” (Prósperi 140).

La vejez es una “plataforma para la indagación narrativa” que contiene un “imaginario nutrido de representaciones” (Fumis 2): desde esta perspectiva, no sería considerada exclusivamente como un sinónimo de la ancianidad, entendida ésta como una etapa biológica en la declinación de un cuerpo. Esta distinción resulta sumamente productiva en tanto que la vejez comienza a resultar un insumo teórico potente para pensar cómo algunas ficciones se construyen desde una “ajenidad amenazante” en los matices de una “voz liminal”, cercana a la muerte, al fin. Este repertorio de representaciones es un material maleable al cual “la literatura logra desmontar a fin de revelar la potencia creativa del destiempo” (Fumis 2).

Mediante estas aseveraciones, Fumis plantea el problema central en el cual nos interesa detenernos: los vínculos entre vejez, tiempo y obra en las últimas producciones de Joaquín Sabina, desde 2017 a la actualidad[5]. Estas composiciones y performances tematizan la vejez desde el protagonismo de una voz liminal que se anuncia en retirada, a la vez que revelan la apertura y potencia creativa, utilizando la despedida como laboratorio testamental (Premat) e insumo para generar nuevas ficciones. En este sentido, el tono (Spang; Giordano) se revela como una herramienta de análisis pertinente, pues en esta etapa de producción se enaltece y pone de manifiesto el humor melancólico como el último bastión a sostener de la postura autorial. Ante la llegada de la vejez se produce la pérdida de algunos rasgos solidificados en la “hojaldrada” identidad de Sabina (Romano 162): la imagen del varón mujeriego, noctámbulo, flaneur, bohemio, proclive a los vicios y al rock and roll. Frente al abandono de estas aristas de su imagen autorial y la aparición de algunas que concuerdan con la voz liminal y en retirada —el poeta recluido en su casa que se convirtió en monógamo y vive “una vida más doméstica, mucho menos romántica.” (Zucchi pár. 19) — la imagen que se erige y se defiende sigue siendo la del personaje ambiguo, aquel que bromea hablando en serio, que se contradice, que dice y niega, que utiliza el humor y la burla como contraparte de la melancolía y viceversa. De esta forma, indagando en el tono de sus últimas producciones podemos ver cómo el personaje de autor sostiene su andamiaje ambiguo en la reiteración de una pose (Molloy) que sigue ofreciendo nuevas ficciones y productos artísticos.  

Respecto a los vínculos y tensiones entre vejez, tiempo y obra, el proyecto autorial de Sabina ha sido indagado desde la categoría de temporalidad disruptiva (Ruiz “Las edades”), pues esta obra problematiza constantemente el tiempo como factor incuestionable, ofreciendo alternativas para generar un tiempo subjetivo, singular y hasta fantástico. Recordemos brevemente cómo, en el inicio del proyecto autorial, en la primera canción de su primer álbum (Sabina “Inventario”), el cantautor adopta una voz vieja; luego, en su etapa de consagración y canonización (entre los discos Yo, mí, me, contigo del año 1996 y 19 días y 500 noches del año 1999), quien enuncia es un personaje temporalmente ambiguo, que se define como “Tan joven y tan viejo” (Sabina “Tan joven”), que a veces tiene cuarenta y diez años (Sabina “A mis cuarenta y diez”) y a veces “Cincuenta y quince”[6] (Sabina 500 noches para una crisis). Incluso, a veces, este personaje percibe una temporalidad fantástica en la cual vive después de muerto, como si de un vampiro o zombi se tratara (“y si a mi tumba os acercáis de visita el día de mi cumpleaños / y no os atiendo, esperadme en la salita hasta que vuelva del baño / ¿A quién le puede importar, después de muerto, que uno tenga sus vicios?” (Sabina “A mis cuarenta”). Finalmente, en su último álbum discográfico, el personaje de autor adopta una postura infantil mediante la figuración del “viejo verde” y el “pendejo” (Sabina en Joaquín Sabina y Benjamín Prado Incluso la verdad 108). En esta temporalidad alterada que Sabina propone se impone un ejercicio lúdico y anárquico que pone en jaque el tiempo crononormado (Solana) y propone nuevas formas de pensar y sentir el tiempo. Por este motivo, el personaje de autor de Sabina se construye a sí mismo como un autoperformer disruptivo que puede “crecer al revés que los adultos” (Sabina Con buena letra 28) teniendo “cien años o ninguno” (Cruz pár. 11).

Con estos abordajes previos, podemos ver cómo la vejez opera en el proyecto autorial de Sabina como “una región que posibilita la exploración de las contradicciones” (Fumis “Tiempo” 6), las que podemos encontrar en la obra siguiendo la categoría de tono, en las acepciones de Kurt Spang y Alberto Giordano. El primero define el tono como una consecuencia de los afectos, “entendidos estos en el sentido amplio de estados anímicos” (“Acerca de los tonos” 388) y se caracterizan por “su naturaleza fugaz e incidental” y por su forma de manifestarse de manera individual o mediada culturalmente (392). La propuesta de Giordano, en vinculación con los diarios de escritores, nos lleva a analizar los tonos como “hallazgos verbales” (148), consecuencia de ciertos afectos puestos en tensión. En el caso que analiza —los diarios de la escritora Rosa Chacel— el crítico recupera el lamento frente a “la voluntad de empuje y prosecución”, lo que da como consecuencia una mezcla de tonos que producen el “humor melancólico” (147).

Este cruce de afectos en la obra de Sabina es referido tempranamente por Lola Pérez Costa, quien realiza un relevamiento de los tonos en el cancionero hasta el año 2004, fecha de publicación del artículo. En este estudio se adentra en la mixtura que generan los cruces entre la melancolía y el humor para afirmar que: “Sabina recurre reiteradamente a adoptar una postura vital impregnada de un cierto pesimismo o melancolía, aunque con mucha frecuencia haya una tensión entre ese pesimismo y el recurso al humor, la actitud irónica, el sarcasmo o, incluso, el cinismo” (“La melancolía” pár. 12).

El poeta Benjamín Prado también menciona, en el prólogo a Con buena letra —cancionero de Sabina— cómo “ese agudo sentido del humor y esa penetrante falta de solemnidad son los dos núcleos básicos de la escritura de Joaquín Sabina” (Prado en Sabina Con buena letra 24) y suma una nueva arista, la ya detectada por Pérez Costa:

toda su obra está en equilibrio sobre los alambres de la seriedad y la broma, y entre sus tres voces principales, dos muy reconocibles son las de ese narrador ocurrente y mordaz de muchas de sus canciones, siempre dispuesto a la celebración, la risa y el placer pero al que, de vez en cuando, las circunstancias obligan a describir la mitad en sombras de las cosas. (Prado en Sabina Con buena letra 24)

Esa oscilación y vaivén también es referida por Luis García Montero, quien afirma que “El mundo de Joaquín es real y matizado porque surge de la melancolía para desembocar en los impulsos irónicos” (García Montero en Sabina Ciento volando 10).

Esta mezcla de tonos, que puede ser denominada como humor melancólico, habita todo el proyecto autorial de Sabina y se potencia en sus últimas producciones, en la repetición constante de una voz liminal que se despide, jocosa y tristemente, haciendo de la despedida un gesto reiterado como semillero creativo para nuevas canciones[7].

“Y lo de viejo / sintiéndolo mucho”. Laboratorio y pose en la canción

La última etapa de producción de Joaquín Sabina ha sido analizada por Guillermo Laín Corona (“Joaquín Sabina. Poesía, personaje/ marca musical” y “Negarlo todo: las alas negras de Joaquín Sabina”) y Javier Soto Zaragoza (“La imagen de autor de Joaquín Sabina”). Ésta se caracteriza, resumiendo a los citados autores, por tres cuestiones: primero, por un giro estilístico en su poética, la cual abandona paulatinamente canciones de corte narrativo (como “Princesa”, “Pacto entre caballeros” o “El caso de la rubia platino”, entre muchas otras) para potenciar rasgos más líricos[8], a la vez que abre el juego a la escritura múltiple y a las co-autorías con poetas. Segundo, por la construcción de una nueva imagen de autor: la del cantautor envejecido, aquel que ha abandonado la calle, la noche, los bares, las mujeres, y se ha recluido en su casa en una tranquila felicidad doméstica. Tercero: por la fuerte apuesta al humor melancólico que mixtura la tristeza por el paso del tiempo y la vejez incipiente con la burla y la autoparodia que encarna un imperioso carpe diem. De todo lo mencionado es ejemplar la canción “Lágrimas de mármol” de Lo niego todo, donde se realiza una descripción angustiosa del paso del tiempo para llegar al estribillo con todo el ímpetu de llamarse a sí mismo “superviviente” (Sabina en Sabina y Prado 80). En el mismo disco, “Canción de primavera” es una declaración de amor a la tierra de su infancia en Andalucía, donde se tematiza la vejez y se ensaya la despedida mediante la metáfora de los años otoñales, mixturada con la sexualización de la primavera y la juventud, aquella que persiste en ese “viejo verde” que se denomina a sí mismo “pendejo” (Sabina en Sabina y Prado 108).

Desde la última producción discográfica Lo niego todo hasta la presentación del film Sintiéndolo mucho y el single que funciona como banda sonora, “Sintiéndolo mucho”, han pasado cinco años y el motivo de la vejez y el humor melancólico siguen allí, consolidándose con las giras y producciones siguientes: Contra todo pronóstico, gira por España y América durante el 2023 y su canción de corte promocional “Contra todo pronóstico”, el single “Un último vals” y su videoclip del año 2024 y la gira musical por España y América Hola y Adiós del 2025. Con sólo ver los títulos de estas producciones podemos identificar cómo la figuración de la vejez, la clausura y la despedida operan como centro gravitacional: producciones que pueden leerse a la luz de la categoría de laboratorio de escritura de Premat. Esta noción de laboratorio ha sido planteada por el crítico en vinculación con la infancia, a la cual entiende como un “un espacio de definición de estilos, códigos de representación, invención de formas” (Premat 4). Desde los abordajes de Fumis y Prósperi la vejez también sería una instancia susceptible de construirse como laboratorio de escritura, pues ofrece una multiplicidad de imaginarios y representaciones que van más allá de la ancianidad. En otras palabras, la vejez opera en esta última etapa de Sabina como un laboratorio que permite construir ficciones de vejez alternativas a la norma, ya que nos ofrece maneras de “envejecer sin dignidad” (Vergara pár. 6) desde la apuesta por el humor melancólico, la burla y la ironía en consonancia con la hondura poética de la voz liminal que se enuncia en retirada.

En este sentido, la canción “Sintiéndolo mucho” y su videoclip promocional tematizan el humor melancólico en todo momento, así como profundizan en la construcción del personaje de autor. La pieza audiovisual se encuentra compuesta a modo de collage, con imágenes extraídas del film Sintiéndolo mucho de Fernando León y otras escenas que incluyen el estudio de grabación y los procesos autopoéticos de composición de la canción.

En el inicio del videoclip nos encontramos no solo con el famoso bombín londinense[9] —aquel que ha marcado la figura autorial de Sabina y lo ha definido como un dandy extemporáneo español— sino sobre todo con la voz cascada de Sabina que enuncia: “hay que arrancar siempre con un buen verso” (Sabina en León “Sintiéndolo mucho” 0.5). En esta escena inicial se instala la postura autorial canonizada del cantautor: su singular voz, su bombín, uno de sus gatos en primer plano, su casa como escenario de composición, sus risas, sus afectos —Jimena Coronado, Leiva y Fernando León—, unos acordes de guitarra. Asimismo, Leiva distingue la dificultad del fraseo de la canción y cómo los giros “joaquineros” (Leiva en León “Sintiéndolo mucho” 0.30) le han dado identidad a la canción y conversan sobre el origen del nombre de la película y la canción, idea del director. “[Sintiéndolo mucho] -Eso fue tu invento del título, que yo te lo compré enseguida también. Tiene todo lo que soy yo: la burla de uno mismo, pero también la chulería… yo creo que se parece mucho a la película” (Sabina en León “Sintiéndolo mucho” 1.02). En esa definición de “todo lo que soy yo” se cifra el humor melancólico como tono central de esta canción, del videoclip y del film, pues en todas estas producciones proliferan diversas imágenes de autor que conjugan al sujeto avejentado y en retirada con la risa y la burla.

Si indagamos en la letra de la canción, el primer buen verso enuncia: “Por fin ayer llegó la hora tan temida” (Sabina “Sintiéndolo mucho” 1.37) ante el cual surgen una serie de interrogantes que los versos siguientes se encargarán de responder; preguntas que operan como centro de toda la canción y que posicionan a la clausura como el elemento clave. “Por fin ayer llegó la hora tan temida / de hacer balance de mi vida y terminar esta canción / y en vez de echar sal y vinagre en las heridas / haré otra vez de tripas corazón” (“Sintiéndolo” 1.37). En estos versos nos encontramos el advenimiento de algo esperando; el “por fin” hace referencia a esa espera y también al carácter liminal que posee, a su condición de final. Esa hora temida de hacer balance y terminar “esta canción” —en clave metapoética— llegó ayer, en tiempo pasado, pero es en el presente de la enunciación en la cual la acción se propone a futuro, “haré otra vez”, un futuro que implica una repetición de algo que el autoperformer ya realizó y que volverá a realizar. En esta primera estrofa ya podemos advertir la temporalidad disruptiva del cantautor, quien estructura sus acciones, en apenas cuatro versos, en tres tiempos verbales diferentes.

También aquí se instala la melancolía como tono principal, en las menciones al pasado, a la hora temida, a las heridas; no obstante, los refranes utilizados en los dos últimos versos introducen el matiz irónico: echar sal y vinagre no curará las heridas, por ese motivo hacer “de tripas corazón” implica adoptar el coraje de llevar adelante esa tarea tan temida.

El primer verso de la siguiente estrofa disemina el humor, la ironía y la autoparodia del cantautor hacia su propio personaje: “No me veréis en Benidorm con el Imserso” (Sabina “Sintiéndolo” 1.56).  Esta sentencia contiene representaciones de peso sobre el imaginario de la ancianidad española: jubilados y retirados en una playa de la comunidad Valenciana convertida en destino turístico de esta franja etaria y el Imserso, “Instituto de Mayores y Servicios Sociales” de España, como la entidad que gestiona prestaciones turísticas a este sector social. En el inicio del videoclip el cantautor afirma: “el Imserso en Benidorm ¡me encanta! (risas)” (Sabina en León “Sintiéndolo mucho” 0.20). Este verso niega un imaginario tradicional de vejez española, imaginario al cual el cantautor se opone para proponer otras formas de envejecer. La canción encuentra en el estribillo el lugar disruptivo característico de Sabina, ese espacio de rebeldía y ruptura con las normas que han consolidado su identidad autorial: “Siempre he querido envejecer sin dignidad / aunque al fusil ya no le quede ni un cartucho, / si el corazón no rima con la realidad / cambio de rumbo, sintiéndolo mucho” (Sabina “Sintiéndolo” 2.34). En el anterior estribillo podemos ver cómo se reiteran las declaraciones de Sabina realizadas en la prensa española desde la publicación de Lo niego todo en 2017 hasta la promoción del film de 2022, “Estoy logrando lo que siempre quise: envejecer sin dignidad y ser un viejo verde” (Sabina en Vergara pár. 6). Frases de este estilo con leves variantes fueron reiteradas en numerosos medios de comunicación, lo cual indica una suerte de discurso unificado que pretende brindar una imagen de autor definida. Estas sentencias se repetirán en el tercer estribillo, con la variante “fingiendo ser un estupendo viejo verde / y lo de viejo sintiéndolo mucho” (Sabina “Sintiéndolo” 4.21). Además de ver la propuesta de envejecer de manera diferente, disruptiva, lúdica, infantil, podemos diferenciar éstos de los versos de “Canción de primavera”, en los cuales afirmaba: “conseguí llegar a viejo / verde mendigando amor / ¿qué esperabas de un pendejo / como yo?” (Sabina en Sabina y Prado 108). En la canción de 2017 el autoperformer se proponía generar una nueva imagen de autor, la del viejo verde; en la canción de 2022 se matiza la sentencia mediante un ejercicio de simulación, de fingimiento.

Podemos pensar esta simulación desde la categoría de pose de Sylvia Molloy, para quien se configura como performance, como la manera de posar en un texto y en sus alrededores, y en este sentido se exhibe su impostura, de ahí su gesto irónico. Molloy afirma que “la pose representa (en el sentido teatral del término) pero como impostura significante. Dicho aún más simplemente: la pose dice que se es algo, pero decir que se es ese algo es posar, o sea, no serlo” (49). De esta forma, comprendemos que en “Canción de primavera” aunque se afirmaba la imagen del viejo verde, ésta funcionaba como impostura; en “Sintiéndolo mucho” de 2022 se focaliza en el fingimiento y entendemos la pose como una performance más del cantautor. Esta manera de adoptar la vejez refuerza la ambigüedad del personaje de autor, aquel que dice ser algo que posa y que posa ser aquello que dice.

La canción se reafirma en el ejercicio de envejecer de manera diferente a la crononormada, a la esperada según los imaginarios de la ancianidad. Sabina propone afrontar la vejez de la misma forma en la que siempre se ha posicionado como personaje de autor: llevando la contraria, yendo a contracorriente. “Si el corazón no rima con la realidad”, esto es, si la forma de sentir no se corresponde con la vida normada, “cambio de rumbo”, “cambio de tercio” —en clara alusión a los cambios de tiempos del toreo— y “quemo mis naves”, es decir, llevar la empresa hasta lo imposible, hasta el final, aunque en todos estos estribillos la construcción lingüística final sea “sintiéndolo mucho” (Sabina “Sintiéndolo” 2.44). Interpretativamente, podemos pensar esta frase —título y corazón de la canción— de dos maneras: o que hay una suerte de arrepentimiento en el personaje de autor, que lamenta ese rumbo disruptivo que debe tomar, o que hay un sentir profundo, un sentir demasiado fuerte que obliga al personaje de autor a tomar ese camino que es imposible de negar. La canción juega con la ambigüedad que la frase ofrece; ambigüedad que se vuelve tono en el vaivén entre el humor y la burla y la nostalgia y la ironía, mixtura cara a la poética de Sabina que no busca resolver sino detonar sentidos y diseminar posibilidades, a la vez que consolidar la postura autorial ambigua del cantautor.

Resulta interesante mencionar las recapitulaciones que el “balance” de la vida obligan a realizar al cantautor: “Muchos creyeron que me habían amortizado / cuando viajé del Wizink Center en camilla al hospital, / con los dedos del Serrat entrelazados / devolviéndome las ganas de cantar” (Sabina “Sintiéndolo” 3.11). El concepto de amortización, según la Real Academia Española (RAE), en su acepción económica implica la merma del capital de un objeto o función: referirse a su caída en el Winzik Center en términos económicos también despierta múltiples sentidos, pues puede referir a las noticias económicas de sus empresas —“El pan de mis niñas”, “Ultramarinos finos” y “Relatores”— y al desgaste de su figura de autor. Esta proliferación de sentidos también alimenta el humor irónico o melancólico, pues en los dos primeros versos se presenta la burla a sí mismo desde una perspectiva económica en desmedro y en los dos versos siguientes se alcanza la hondura poética en la imagen de amistad que reflejan los “dedos del Serrat entrelazados”, los cuales le otorgan nuevamente esa imagen del superviviente que ya encontramos en “Lágrimas de mármol” (Sabina en Sabina y Prado 80) y que se sostiene en esta canción.

Además de lo dicho, se producen algunos juegos de palabras propios de la poética de Sabina, como los retruécanos. Comparemos, por ejemplo, el estribillo de “Contigo” en Yo, mí, me, contigo: “Y morirme contigo si te matas / y matarme contigo si te mueres / porque el amor cuando no muere mata / porque amores que matan nunca mueren” (Sabina Con buena letra 244) con la siguiente estrofa: “No tengo nada que olvidar de mi pasado / por eso espero que el olvido no se olvide de quien fui, / he dado más de lo que algunos me han robado / sin olvidar a la que se olvidó de mí” (Sabina “Sintiéndolo” 2.14). En estos juegos de palabras, se refuerza la multiplicación de imágenes de características propias del personaje de autor, aquellas que han sido diseminadas en todo el proyecto autorial: “Mañana lunes es momento de inventarse y apostar / ya que Fernando me ha pintado en esta peli tal cual soy / un tahúr que no se cansa de arriesgar” (Sabina “Sintiéndolo 3.35).

“Sintiéndolo mucho” se erige, desde su ironía melancólica, como una canción de racconto, de repaso y clausura, a la vez que ofrece aperturas, multiplicidades de sentido y nuevas formas de envejecer a contramano de la norma. No en vano, en el final del videoclip vemos al Sabina del año 2022 sentado solo frente a un teatro vacío, leyendo y besando unas páginas —las que representan el guion de la película, la historia de su vida— y lanzando las hojas al viento, en un ejercicio intertextual que remite a la canción y al videoclip “Lo niego todo” del disco homónimo, en la cual el estribillo reza “Lo niego todo, aquellos polvos y estos lodos / Lo niego todo, incluso la verdad, / la leyenda del suicida y la del bala perdida / la del santo beodo, si me cuentas mi vida, lo niego todo” (Sabina y Prado 54). El videoclip de dicha canción representa asimismo un casting ficticio donde diversas personalidades ficcionalizan diferentes etapas cronológicas del personaje de autor Sabina y finaliza con el propio cantautor siendo el personaje de sí mismo, cantando a un teatro vacío que se termina convirtiendo en un teatro de cartón[10].  

De este humor melancólico, atravesado por diversas capas de ficción, se alimenta la temporalidad disruptiva de Joaquín Sabina como manifestación de su potencia creativa desde una temporalidad otra. La vejez opera en esta canción como un impulso productivo que sigue motorizando la maquinaria Sabina y ofreciendo modos alternativos de envejecer frente a la norma.

Conclusiones y aperturas

De la serie de imágenes convertidas en postura autorial que consolidaron a Joaquín Sabina como un autoperformer de sí mismo, algunas de ellas encontraron en la vejez un punto de inflexión y una posibilidad de reinvención. El flaneur noctámbulo ya no toma el pulso a las calles, sino que las contempla desde “el observatorio” de su casa (Sabina en Sabina y Prado 80); el romántico mujeriego hace treinta años que convive con la misma mujer y aprecia “otra felicidad que no había conocido ni disfrutado, que es la del amor verdadero” (Sabina en Luengo pár. 35); el cantante rockstar que tenía conciertos todas las noches —a veces, a función doble— en su última gira ha espaciado las noches de recital y ha permanecido mudo durante la mayor parte de sus días (Luengo s/p). En este sentido, la vejez entendida como ancianidad ha propiciado una nueva imagen autorial: la del poeta o, si se quiere, el “intelectual” (Soto Zaragoza 599). No obstante, la vejez entendida como laboratorio creativo ha propiciado nuevas creaciones que se erigen sobre la base de la ambigüedad del personaje de autor como materia identitaria inmutable. El tono sabinero, tan característico en toda su producción, sigue siendo un pilar desde el cual construir nuevas producciones, haciendo uso del humor melancólico para generar una mixtura entre la comicidad y la autoburla y la hondura poética. Además, la vejez entendida como clausura también posibilita continuar los juegos de la autoría y seguir creando, pues las últimas producciones de Sabina se consolidan como despedidas que, paradójicamente, no dejan de decir aquí estoy, todavía no me fui. Sirva de ejemplo y apertura las siguientes declaraciones en una entrevista a la revista Esquire del año 2025:

Te voy a contar mis únicos planes profesionales. Tú sabes que tengo un libro de cien sonetos con el que me sentí muy satisfecho y estoy escribiendo otros cien. Llevo sesenta. Creo, y además me lo ha dicho gente que sabe de esto, como Luis García Montero, que son mejores que los anteriores. Eso y un disco del que ya tengo cinco o seis canciones y que al final de la gira tendré siete u ocho. Y nada más … Quiero hacer mi libro de sonetos, un disco, y quiero estar en casa, pintando y escribiendo. (Sabina en Luengo pár. 31)

Luego de que el periodista pregunte: “¿Este es el punto final de los finales? ¿Ninguna esperanza de que le sigan dos puntos suspensivos?” Sabina contesta:

No, no. Y si le sigue algo, será un punto muy pequeñito… Yo tengo una fantasía, que creo que ya te había contado. Si alguna vez llego a un arreglo con el Teatro Apolo, podría usar mi casa de camerino porque está a veinte metros de mi portal, para cantar una vez al mes y llevar a gente y eso… Y si pudiera comprarlo sería una maravilla … Es un sueño, sobre todo porque me gustaría programar. Yo estaría un día a la semana, los jueves, e invitaría a gente al escenario a cantar conmigo. Eso creo que lo podría hacer bien y me divertiría mucho, pero es solo una fantasía. Más allá de eso, ni hablar. (Sabina en Luengo pár. 48)

Como se advierte en estas declaraciones, la vejez no imposibilita la imaginación ni la fantasía, ni tampoco la productividad: leer, escribir sonetos, escribir su autobiografía, pintar, programar, actuar. La vejez, en estas últimas producciones de Sabina, es insumo, es materia, es posibilidad y, sobre todo, es futuro.

Referencias bibliográficas

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  33. Sabina, Joaquín. 500 noches para una crisis. En directo, Sony Music, 2015.
  34. Sabina, Joaquín. Lo niego todo, Sony Music, 2017.
  35. Sabina, Joaquín. “He pasado de la adolescencia a la vejez sin pasar por la madurez”. La Capital, 20 sept. 2022, párr. 9, https://www.lacapital.com.ar/edicion-impresa/joaquin-sabina-he-pasado-la-adolescencia-la-vejez-pasar-la-madurez-n10027937.html 
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  38. Spang, Kurt. “Acerca de los tonos en literatura”. Revista De Literatura, vol. 68, n.° 136, 2006, pp. 387–404, doi.org/10.3989/revliteratura.2006.v68.i136.13 
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  40. Vergara, Claudio. “Joaquín Sabina: ‘Estoy logrando lo que siempre quise: envejecer sin dignidad y ser un viejo verde’”. La Tercera, 6 julio 2014, https://www.latercera.com/noticia/joaquin-sabina-estoy-logrando-lo-que-siempre-quise-envejecer-sin-dignidad-y-ser-un-viejo-verde/ 
  41. Zapata, Juan, compilador. La invención del autor. Nuevas aproximaciones al estudio sociológico y discursivo de la figura autorial. Editorial Universidad de Antioquia, 2014.
  42. Zucchi, Marina. “Joaquín Sabina: «Desde que las selfies se apoderaron del mundo, no salgo»”. Clarín, 12 marzo 2017, https://www.clarin.com/extra-show/musica/sabina-selfies-apoderaron-mundo-salgo_0_SJd96nlix.html 

Notas


[1] Este artículo es un resultado de M+PoeMAS, “Mucho más que poemas. Poesía para más gente y poéticas de la canción”, proyecto de investigación con financiación del Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades (PID2024-158927NB-I00), coordinado en la UNED por Clara I. Martínez Cantón y Rocío Badía Fumaz, entre septiembre de 2025 y agosto de 2028.

[2] Infancia y vejez son los núcleos sobre los cuales se vienen desarrollando los proyectos CAI+D dirigidos por el Dr. Germán Prósperi en la Universidad Nacional del Litoral, proyectos de los cuales somos miembros activos hace años.

[3] Sobre la producción de ambigüedades en Sabina en relación con la vejez nos hemos abocado en trabajos anteriores: destacamos aquellos en los cuales nos centramos en la vejez como manifestación de una ancianidad (Ruiz “Los otros, los viejos”) y los vínculos entre vejez y masculinidad (Ruiz “Envejecer en la infancia”).

[4] Las categorías de Imagen de autor y Postura autorial devienen de los estudios contemporáneos sobre autorías en su línea francesa, los que han sido traducidos y sistematizados por Juan Zapata.

[5] El presente trabajo forma parte de un trabajo mayor, en el cual se aborda este período a través de las últimas producciones del cantautor. En esta ocasión, nos ceñiremos a la canción “Sintiéndolo mucho”.

[6] “Cincuenta y quince” refiere a la versión de la canción “A mis cuarenta y diez” grabada en el recital en directo 500 noches para una crisis del año 2015.

[7] Con respecto al humor melancólico podemos pensar algunas líneas de apertura, atendiendo a la mirada de los evaluadores del presente trabajo, quienes mencionan la potencia de la nostalgia como categoría teórica a indagar en el cantautor y los ageing studies como campos posibles para futuros abordajes.

[8] Para profundizar el análisis sobre la distinción de las canciones de corte narrativo y lírico en Sabina, ver Badía Fumaz (“Poesía, narración e hibridismo genérico en las canciones de Joaquín Sabina”).

[9] En el inicio del film de Fernando León y en el tráiler promocional la voz en off de Sabina enuncia: “Tengo un problema con el tipo del bombín que se sube al escenario. Es homenaje al cine mudo: a Chaplin, a Buster Keaton, y es también recuerdo de mis siete años londinenses (…) y sí, era para separar al tipo del escenario del tipo que va a tomar copas en la calle… creo que me las he arreglado moderadamente bien para que al bajarme y quitarme el bombín el tipo sea otro, que se parece más a éste, creo yo. Por eso no me he puesto el bombín hoy” (risas) (Sabina en León Sintiéndolo mucho 0.39).

[10] Para un análisis del videoclip de “Lo niego todo” ver Laín Corona (“Negarlo todo: las alas negras de Joaquín Sabina”).