Cárdenas Zabala, José Cristóbal. “La lírica del 27 en las canciones de Carlos Morla Lynch (1933-1938)”. Anclajes, vol. XXX, n.° 3, septiembre-diciembre 2026, pp. 39-59.
https://doi.org/10.19137/anclajes-2026-3033

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DOSSIER
La lírica del 27 en las canciones de Carlos Morla Lynch (1933-1938)[1]
José Cristóbal Cárdenas Zabala
Universidad de Sevilla
España
ORCID: 0009-0008-4658-8256
Fecha de recepción: 26/02/2026 | Fecha de aceptación: 04/04/2026
Resumen: En 2027 se conmemora el centenario del Grupo Poético del 27. Aprovechando este acontecimiento, van a publicarse por primera vez en España las canciones que el diplomático chileno Carlos Morla Lynch realizó sobre poemas de autores de este grupo, muchos de los cuales eran sus amigos y asistían a las tertulias que se celebraban en su propia casa. En este artículo se analizan las circunstancias en las que se realizaron dichas canciones y se describe la producción musical de Carlos Morla entre 1933 y 1938.
Palabras clave: Poesía musicalizada; Generación del 27; Federico García Lorca; Carlos Morla Lynch.
The Lyricism of the Generation of '27 in the Songs of Carlos Morla Lynch (1933-1938)
Abstract: 2027 marks the centenary of the Generation of '27. In light of this event, the songs that Chilean diplomat Carlos Morla Lynch composed based on poems by members of this group, many of whom were his friends and frequented the literary gatherings held at his home, will be published for the first time in Spain. This article analyzes the circumstances in which these songs were made and describes the musical production of Carlos Morla between 1933 and 1938.
Keywords: Poetry set to music; Generation of '27; Federico García Lorca; Carlos Morla Lynch.
A lirica da geração de 27 nas canções de Carlos Morla Lynch (1933-1938)
Resumo: O centenário da Geração de 27 será comemorado em 2027. Tomando esse acontecimento como ponto de partida , as canções que o diplomata chileno Carlos Morla Lynch compôs a partir de poemas de autores deste grupo, muitos dos quais eram seus amigos e frequentavam os encontros realizados em sua casa, serão publicadas pela primeira vez na Espanha. Este artigo analisa as circunstâncias em que essas canções foram criadas e descreve a produção musical de Carlos Morla entre 1933 e 1938.
Palavras-chave: Poesia feita canção; Geração de 27; Federico García Lorca; Carlos Morla Lynch.
Las canciones son como personas.
Viven, se perfeccionan, y algunas degeneran,
se deshacen, hasta que solo quedan
esos palimpsestos llenos de lagunas y contrasentidos
Federico García Lorca, 1005
Introducción
En 1957 la madrileña editorial Aguilar publicó el libro En España con Federico García Lorca (páginas de un diario íntimo, 1928-1936). Se trataba de una selección de las partes del diario que escribió en su estancia en España el diplomático chileno Carlos Morla Lynch (París, 1888-Madrid, 1969), referidas al poeta Federico García Lorca, con el que tuvo una gran amistad. La reedición aumentada de estos diarios en 2008[2] con los textos excluidos en la anterior edición, nos desvela las tertulias que este diplomático chileno destinado en Madrid durante la II República y la Guerra Civil como encargado de Negocios (1928-1939) mantuvo en su residencia madrileña. Estos diarios son una buena fuente documental para conocer la vida intelectual española de ese periodo y, en palabras de Andrés Trapiello, “fundamental para conocer la intrahistoria de la generación poética del 27. Ésta, que tenía ya un cónsul general de la poesía, Guerrero Ruiz, iba con Morla a tener un embajador” (Trapiello 115).
En su casa madrileña, Morla se reunía con buena parte de los escritores de la época que pasaban o residían en Madrid, incluidos la llamada posteriormente Generación del 27. Entre otros, pasaron por su salón: García Lorca, Luis Cernuda, Manuel Altolaguirre, Concha Méndez, Rafael Alberti, Jorge Guillén, José Bergamín, Vicente Aleixandre, Pedro Salinas, Eugenio D’Ors y Salvador de Madariaga. También los chilenos Pablo Neruda, Vicente Huidobro y Gabriela Mistral le honraron con su amistad. De todos ellos, sin embargo, era Federico García Lorca quien mantuvo una relación más profunda con Morla Lynch. Es “el Federico que entra y sale, que viene y se va, que irrumpe como una exhalación y luego se hace humo, que ríe, que canta, que recita poemas y se ilumina, que cuenta historietas, que coge la guitarra o se sienta al piano, que se exalta, se apasiona, se enfada y se conmueve, se aflige y se ensombrece” (Morla En España con Federico 36). Junto a él, conoció el ambiente artístico del Madrid de los 30, adaptando sus quehaceres diarios en la embajada con una intensa vida nocturna. “Durante el día se mostraba como un diplomático eficaz e intachable. Luego, una vez anochecido, su vida transcurría en compañía de un Lorca, un Alberti, un Altolaguirre, un Hernández, etc., con los que recorría calles y lugares de la bohemia madrileña” (Macías Brevis 24-5).
Pero, además, hemos descubierto ahora al Morla Lynch compositor. Su nieta Beatriz conserva muchas partituras de poemas musicalizados de los poetas anteriormente citados. En este artículo queremos examinar este aspecto de su vida y responder a varias preguntas: ¿Qué le motivó al diplomático Carlos Morla a poner música a los poemas que sus amigos poetas le traían o le recitaban? ¿Cuál fue el grado de implicación de los poetas en estas musicalizaciones? ¿Cómo seleccionó los poemas a los que puso música?
Morla y su afición por la música
La música formó parte de la infancia de Carlos Morla. La familia residía en París donde su padre, el diplomático, político y escritor Carlos Morla Vicuña estaba destinado como embajador de su país. Sus hermanas Nicolasa, Ximena (Vera), Carmen, Paz y Wanda –todas como él, salvo la última, nacidas en París– recibieron educación musical, ya que el padre era un gran aficionado a la música y tocaba el piano (Subercaseaux 28). La familia le acompañó en los destinos como embajador, primero en Francia y después en Argentina, Uruguay, Estados Unidos, Japón y nuevamente EE.UU., donde éste falleció. Su madre entonces decide regresar a París en 1901, donde tenía sus amistades. Allí solo permanece un año, pues decide volver a Chile. Carlos, que tenía entonces 14 años, le plantea a su madre permanecer allí para dedicarse al estudio de la música, pero su madre no lo aprobó, como comenta Juan Eduardo Vargas Cariola:
Es posible que el carácter fuerte de Luisa [su madre] haya influido cuando Carlos, antes de regresar a Chile, pretendió quedarse estudiando música en París. Sabemos que volvieron al país, por lo que la música, que formó parte de su vida desde la niñez, pasó a ser para él sólo una entretención, no un medio de vida como alguna vez lo soñó. Su afición a la música nació en su casa, al escuchar a sus padres interpretar a diversos autores clásicos al piano. Carlos Morla Lynch, prácticamente de oído, interpretaba a Brahms y a otros compositores, con una facilidad que llamaba la atención y, por si fuera poco, tenía la capacidad de componer, como quedó de manifiesto cuando musicalizó algunos poemas de Federico García Lorca, su gran amigo. (Vargas Cariola 15-6)
En 1906 Carlos ingresó en el Ministerio de Exteriores chileno, donde realizó trabajos secundarios. En 1912, con 24 años, se casó con María Manuela Vicuña Herboso, a la que familiarmente llamaba “bebé”. Era una pariente lejana, pues Vicuña era en realidad el primer y único apellido de su padre, antes de legalizar éste el apellido Morla, anagrama de la palabra moral, a los 21 años (Subercaseaux 28). Al año siguiente nace su primera hija, Verónica y, en mayo de 1921, Carlos acepta el nombramiento como primer secretario de embajada chilena en París (Vargas 20) tras la muerte de su hija. Allí estuvieron durante ocho años, y en su salón recibían a intelectuales franceses y extranjeros: escritores como Jean Cocteau o músicos como Darius Milhaud, y asistían a los estrenos de Falla, de Stravinski, de los ballets rusos (Morla En España con Federico 52). En París conoció al compositor chileno Domingo Santa Cruz, que se casó con su hermana menor Wanda en 1922 en esa ciudad; allí trabó amistad con Darius Milhaud y otros miembros del Grupo de los Seis, así como con Rubinstein. Además, su mujer tocaba también el piano y tenía una buena voz para cantar, según los testimonios de los que la conocieron: “Bebé Morla, era una mujer muy elegante y de una belleza muy chilena, muy blanca. Tenía una vocecita muy fina, entonaba canciones populares chilenas con mucha gracia, tocaba muy bien el piano” (Ontañón y Moreiro 117).
Sabemos que ya componía en París. Realizó unas canciones dedicadas a su hija Colomba que intentó publicar allí. El 17 de febrero de 1928 escribe en su diario: “Voy a publicar doce de las mejores canciones que he compuesto a la niña. Hay tres nuevas que tienen mucho éxito: «Elle était toute petite» «Le mannequin» y «La poupée» («Ella era pequeñita» «El maniquí» y «La muñeca»)” (Morla En España con Federico 46). Estas canciones las conserva su nieta en su casa de Madrid[3]. Pero el fallecimiento de Colomba, la segunda hija del matrimonio, poco antes de trasladarse a Madrid, hizo que cayera en una profunda depresión y las guardase sin querer escucharlas más.
Amistad con Lorca
Morla llega a Madrid en octubre de 1928 –más tarde se incorporarían su mujer y su hijo Carlos–. Según narra en su diario, en marzo de 1929 entra en el madrileño Palacio del Libro (la futura Casa del Libro) y compra por recomendación el Romancero gitano de Lorca[4] (Morla En España con Federico 60), que era su tercer libro publicado[5]. Tiene ganas de conocer a Lorca y le invita a su casa. A partir de ahí, “Federico viene ahora casi todos los días, pero sin programa fijo. Entra o sale se queda a comer o a cenar -o a ambas cosas- duerme una siesta, se sienta al piano, lo abre, canta, lo cierra, nos lee un poema, se va… vuelve… Su presencia es celebrada y siempre grata, nunca extemporánea y jamás intempestiva” (Morla En España con Federico 70). Esa amistad le lleva a Lorca a dedicarle ese mismo año, en la segunda edición de su libro Canciones (1929), los siete poemas de la sección “Canciones infantiles”, a su fallecida hija: “A la maravillosa niña Colomba Morla Vicuña, dormida piadosamente el día 12 de agosto de 1928” (García Lorca Canciones 36). Desde Nueva York, donde se marcha en junio de ese año, le envía una carta: “Queridísimo Carlos: Esta carta no es más que un abrazo muy grande con toda mi alma y un «no te olvido». Seguramente habrás leído la segunda edición de mis Canciones con la dedicatoria a tu inolvidable niña. Han sido estos renglones impresos un cordón que me une a ti ya para siempre” (Morla En España con Federico 77).
Comienza a componer
Es en abril de 1933 cuando de regreso a su casa, después de asistir a un concierto y comentar que Luis Cernuda le ha dedicado un poema en el periódico madrileño El Sol[6], van a casa con Acario Cotapos[7] y Lorca, y desempolva las canciones que le compuso a su hija fallecida Colomba: “Era la primera vez que me atrevía a sacarlas del sagrario en que se encontraban sepultadas. Me conmovió tanto oírlas de nuevo que no logré reaccionar en toda la noche de la pena que me invadía” (Morla En España con Federico 340).
Carlos Morla componiendo en su casa de Madrid.
(Archivo personal de Beatriz Morla González del Valle)
Las primeras que compone son del libro Canciones de Lorca: Despedida, Cazador y Canción tonta. Lorca participa en los recitales que realiza en su casa, lo que indica que no le desagradaba la musicalización de sus poemas: “Federico lee primero los poemas y luego Bebé los canta. Tiene una voz agradable y «dice bien», lo que siempre he considerado como un requisito indispensable en el arte del canto: la dicción. Que se entienda el argumento que la música acompaña” (Morla En España con Federico 351). Pero, además, Federico canta las canciones:
Durante estos trajines, largos y exasperantes –tan llenos de complicaciones inútiles– [visado del pasaporte de Federico para ir a Argentina], Federico me ha manifestado su gratitud como sólo él es capaz de hacerlo: cantándome –mientras íbamos de un lado a otro– las melodías que he compuesto a sus poemas “Despedida”, “El cazador”, “Canción tonta” y “Canción de jinete”: Córdoba, lejana y sola (Andaluza). (Morla En España con Federico 365)
Meses después comienza a componer sobre poemas de Rafael Alberti (de sus libros Marinero en tierra y La amante), Manuel Altolaguirre y Luis Cernuda. De este último, el poema Estoy cansado, que el mismo poeta confesó que lo había hecho con “una intención análoga a la canción” (Cárdenas Zabala 27). La relación con Manuel Altolaguirre y Concha Méndez fue, después de la de Lorca, la más intensa de entre el grupo de poetas. Se conservan dos cartas de Altolaguirre dirigidas a él. En la primera, fechada en agosto de 1933, le envía su última creación poética; en la otra, fechada en Londres en diciembre del mismo año, comenta el premio de poesía que le han concedido a Cernuda, a Aleixandre y a él. Se trata del Premio Nacional de Poesía de 1933, donde Vicente Aleixandre obtiene el primer premio y Cernuda y él obtienen un accésit, comentando en la carta: “Un verdadero triunfo para los poetas del grupo Morla, como dice Genaro Estrada”[8] y termina la carta diciendo: “Carlos: ¿Y tus canciones? ¿Trabajas mucho?” (Altolaguirre 273).
1934 es un “periodo de abundante producción musical” (Morla En España con Federico 386). Al regreso de Federico de Argentina en abril, le muestra otras tres canciones sobre sus poemas Murió al amanecer, Camino (Gráfico de la petenera) y Paso (poema de la saeta). Ahora compone sobre el libro Poema del cante jondo (1931), donde los siete poemas de la sección “Poema de la seguiriya gitana” se los dedicó a su hijo: “A Carlos Morla Vicuña” (García Lorca Poema 15). Nos dice en su diario: “Federico ha publicado un nuevo libro exquisito. Es una recopilación de su poema del cante jondo, que data del año 1921. Obra de juventud, en la que consagra afectuosamente las seguiriyas a nuestro hijo, Carlos Morla Vicuña” (Morla En España con Federico 98). También les pone música a poemas de Fernando Villalón (la Diligencia de Carmona), Salinas y Gerardo Diego (la Penúltima estación de su libro Vía crucis).
Una curiosa canción es la que compone sobre un poema que le trae Serafín Fernández: “He compuesto dos canciones más. Una… para un poema –que me ha llenado de asombro– que me ha traído el chiquillo Serafín. Se titula Enamorado de nadie” (Morla En España con Federico 391)[9]. Y también Pablo Neruda, que ese verano llega a Madrid, se incorpora a las tertulias de su casa, y termina poniéndole música a varios de sus poemas. Uno de ellos, La muerte con lluvia, que transcribimos sobre la partitura original, es un poema que no se encuentra en ninguna publicación del poeta chileno, por lo que parece que es un poema inédito, pues decidió no publicarlo. Las dos primeras estrofas de este poema de Neruda aparecieron en la edición primera de los diarios de Morla. Es el siguiente:
LA MUERTE CON LLUVIA
Quiero el final del día,
y una ventana negra
y una campana herida.
Quiero un final de luna
con la luna quebrada
y una llave de lluvia.
Quiero un final de lluvia
con lamentos mojados
y mujeres oscuras.
Mientras la lluvia cae…
Durante 1935 sigue, sobre todo, poniendo música a Poemas del cante jondo: Danza, Memento, De profundis…, y también se fija en la poesía de mujeres poetas, al musicalizar poemas de Ernestina de Champourcín y Concha Méndez.
Partitura 1 (Archivo personal de Beatriz Morla González del Valle)
Su manera de componer
A lo largo del diario va reflexionado sobre el origen de sus melodías y la poesía que la inspira. En julio de 1933 nos dice “¿cómo se genera mi inspiración? No lo sé. Solo compongo música cuando tengo ganas de hacerlo, espontáneamente, muchas veces sin saber exactamente lo que hago, influido por una emoción, por una poesía que me ha conmovido o por un paisaje. Casi podría asegurar que estas canciones se generan solas” (Morla En España con Federico 358).
Al año siguiente, a partir de unas preguntas de Jorge Guillén, comenta que para él poesía y música van unidas:
La poesía, en mi sentir, llama a la música. Alcanza su plenitud emotiva cuando se acompaña de ella. Por esto es, que me esfuerzo, modestamente, de crearla en un segundo plano, respetando escrupulosamente la integridad del poema. Soy el primero en condenar esas mutilaciones con que los grandes compositores destrozan las obras que transforman en canto. Para satisfacer las exigencias del ritmo o evitar la modificación del curso de una línea melódica, suprimen sin vacilar frases enteras o las repiten varias veces, según conviene a su concepción musical. (Morla En España con Federico 416)
Participación de los poetas
Uno de los aspectos que más nos llama la atención, es el grado de implicación de los poetas en la creación de estas canciones. De la lectura de estos diarios se desprende que, a los miembros de esta generación poética, no solo les agradaba que se eligieran sus poemas para que fueran musicalizados, sino que algunos incluso ofrecían sus obras para que Morla hiciera una canción con ellas. Lorca llega a ofrecerle un poema hecho expresamente para que le ponga música: “Me ha traído el regalo mayor que podía ofrecerse: un poema que ha escrito para mí a bordo [del barco de regreso de Argentina]. –Para que le pongas notas– me dice. No le ha dado nombre alguno, pero podría titularse ‘El llanto’” (386)[10].
En el caso del poeta Jorge Guillén, le comenta que “«desea figurar entre esos poemas armónicos». Me halaga que me lo diga” (416). Pero parece que también al poeta le halaga figurar en esa antología de canciones que está realizando el diplomático, pues le lleva varios poemas para que elija el que más le guste: “Me ha traído –gentileza que agradezco– algunos poemas suyos para que, juntos, elijamos los que mejor se presten para crearles un acompañamiento musical” (421)[11]. De un modo similar, Pablo Neruda crea un poema para que Morla le ponga música:
Pablo me ha traído un poema que me ha escrito especialmente para que le ponga música: “La muerte con lluvia”. No acierto a determinar las sensaciones extrañas que me infunde. Es luminoso y oscuro a un tiempo; alucinante. Tiene matices platinados, mercuriales, tinieblas, reflejos de espejos de metal y cabelleras de agua... Pocas veces me ha sido dado adaptar a un poema un tema musical con mayor facilidad. Pocas veces también he quedado tan satisfecho con él. Creo que es lo mejor que he hecho en música hasta aquí. (Morla En España con Federico 423)
Incluso en 1938, durante la guerra civil, un reconocido poeta falangista que tiene asilado en la embajada, y que al finalizar ésta, ostentará altos cargos en la administración, también le ofrece un poema para tal fin: “José María Alfaro me ha dedicado un verso para que le ponga música: «La niña que se fue a la guerra». El poema me gusta y me será fácil musicalizarlo” (622).
Esta colaboración poeta-compositor será una de las características de esta generación poética[12].
Partitura 2 (Archivo personal de Beatriz Morla González del Valle).
¿Cuántas canciones compuso?
Andrés Trapiello nos dice en el prólogo de la segunda parte de sus memorias: “Le gustaba la música. Tocaba pasablemente el piano y compuso a lo largo de su vida alrededor de ciento cuarenta canciones, muchas de ellas con letras de los amigos que conocía en Madrid, cantadas a menudo por su mujer María Manuela Vicuña, familiarmente Bebé, ella sí, una virtuosa del piano” (Morla España sufre 9). No sabemos de dónde saca este autor esa cifra, pero a nosotros nos parece exagerada. Sabemos por una carta enviada a su madre fechada el 18 de julio de 1935 en Ibiza que, entre abril de 1933 y julio de 1935, según él mismo confiesa, compone 36 canciones sobre poemas de poetas que va conociendo a lo largo de estos años:
Mi música tiene cada día más éxito. Tengo, en la actualidad, 36 romanzas inspiradas en poemas españoles de Federico García Lorca, Rafael Alberti, Luis Cernuda, Pablo Neruda, Antonio Machado, Manolín Altolaguirre, Concha Méndez, Ernestina de Champourcin, Juan Ramón Jiménez, Serafín Hernández... Villalón, Aleixandre, Pedro Salinas, Guillén, etc... (Morla En España con Federico 20)
Hasta el momento, y si no aparecen más partituras, en dicho periodo (antes de la guerra civil) se conservan un total de 30 composiciones[13], por lo que parece que pudiera haber compuesto seis más en este periodo[14]. A éstas hay que añadirles la única que de momento sabemos que compuso en el periodo de la Guerra Civil, sobre un poema del falangista José María Alfaro, uno de los refugiados en la embajada. Entre todas éstas destacan por su número las dedicadas a poemas de Lorca (15 composiciones). Las otras 15 son: tres de Alberti, y una de Altolaguirre, Concha Méndez, Gerardo Diego, Pedro Salinas, Ernestina de Champourcín, Cernuda, y “el chiquillo” Serafín, del grupo de esta generación. Además, usó otros poemas de autores como Juan Ramón Jiménez, Manuel Machado, Fernando Villalón o Pablo Neruda. En este cuadro se muestran todas las conservadas:
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NÚMERO DE PARTITURA |
TÍTULO |
AUTOR DEL POEMA |
FECHA APROX. DE COMPOSICIÓN |
LIBRO |
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1 |
Despedida |
Federico García Lorca |
mayo 1933
|
Canciones |
|
2 |
Cazador |
Federico García Lorca |
mayo 1933
|
Canciones
|
|
3 |
Canción tonta |
Federico García Lorca |
mayo 1933 |
Canciones
|
|
4 |
Canción de jinete |
Federico García Lorca |
julio 1933 |
Romancero gitano
|
|
5 |
Ausencia |
Manuel Altolaguirre |
junio 1933 |
Las islas invitadas |
|
6 |
Estoy cansado |
Luis Cernuda |
julio 1933
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Un río, un amor |
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7 |
La muerte |
Juan Ramón Jiménez |
septiembre 1933 |
La muerte |
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8 |
El aviador |
Rafael Alberti |
julio 1933 |
Marinero en tierra |
|
9 |
Peñaranda de Duero |
Rafael Alberti |
1933 |
La amante |
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10 |
Camino (Gráfico de la petenera) |
Federico García Lorca |
antes de abril 1934 |
Poema del cante jondo |
|
11 |
Murió al amanecer |
Federico García Lorca |
antes de abril 1934 |
Poema del cante jondo |
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12 |
Paso (procesión) |
Federico García Lorca |
antes de abril 1934 |
Poema del cante jondo |
|
13 |
Silencio |
Federico García Lorca |
|
Poema del cante jondo |
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14 |
Es verdad |
Federico García Lorca |
|
Poema del cante jondo |
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15 |
Qué mayor dolor |
Manuel Machado |
|
Foenix |
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16 |
Dolorosa |
Gerardo Diego |
antes de abril 1934 |
Alondra de verdad |
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17 |
Pregunta más allá |
Pedro Salinas |
|
Fábula y signo |
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18 |
Diligencia |
Fernando Villalón |
antes de abril 1934 |
Romances del 800 |
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19 |
Poesía de su silencio (poema xv) |
Pablo Neruda |
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Veinte poemas de amor… |
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20 |
El herido |
Rafael Alberti |
mayo 1934 |
Marinero en tierra |
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21 |
Las lágrimas que lloré |
Serafín Fernández |
mayo 1934 |
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22 |
Danza |
Federico García Lorca |
|
Poema del cante jondo |
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23 |
Memento |
Federico García Lorca |
|
Poema del cante jondo |
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24 |
La Lola |
Federico García Lorca |
|
Poema del cante jondo |
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25 |
La muerte con lluvia |
Pablo Neruda |
septiembre 1934 |
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26 |
Encuentro |
Federico García Lorca |
febrero 1935 |
Poema del cante jondo |
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27 |
De profundis |
Federico García Lorca |
febrero 1935 |
Poema del cante jondo |
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28 |
Sorpresa |
Federico García Lorca |
febrero 1935 |
Poema del cante jondo |
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29 |
Contigo |
Concha Méndez |
|
Inquietudes |
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30 |
Poema ausente |
Ernestina de Champourcín |
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La voz en el viento |
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37 |
Mi niña se fue a la guerra |
José María Alfaro |
noviembre 1938 |
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Cuadro I: Canciones de Carlos Morla (1933-1939). Elaboración propia.
(Fuente: Archivo personal de Beatriz Morla González del Valle).
Estando destinado en Suiza y Holanda, siguió componiendo canciones. De su estancia en Berna se conservan seis partituras de los hermanos Machado, Gabriela Mistral, Pablo Neruda y una de la pintora y diseñadora francesa Marie Laurencin (París, 1883-1956). Por la numeración que llevan, se puede observar que pudiera haber muchas más, pero no han aparecido de momento. En Suiza editó un cuaderno con seis de las composiciones españolas y, en Holanda, terminó y publicó Canciones para mis niñas Verónica y Beatriz (Navidad 1950).
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NÚMERO DE PARTITURA |
TÍTULO |
AUTOR DEL POEMA |
AÑO APROX. DE COMPOSICIÓN |
LIBRO |
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59 |
Ojitos de terciopelo |
Manuel Machado |
Berna, 1944 |
Poesía (1940)
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62 |
Consejo |
Antonio Machado |
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Soledades |
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65 |
Piececitos
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Gabriela Mistral |
Berna, verano 1945 |
Ternura |
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72 |
Dame la mano y danzaremos
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Gabriela Mistral |
Berna, 1945 |
Ternura |
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84 |
Amo el amor de los marineros
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Pablo Neruda |
Berna, 1945 |
Crepusculario |
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s/n |
Le calmant
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Marie Laurencin |
Berna, 1945 |
Revista 391 |
Cuadro II: Canciones de Carlos Morla (1944-1945). Elaboración propia.
(Fuente: Archivo personal de Beatriz Morla González del Valle).
Difusión de las canciones
Respecto a la difusión de estas canciones, además del salón de su casa, en la que en julio de 1933 las escucharon personajes como el presidente de la República Manuel Azaña, y su cuñado Rivas Cherif (Morla En España con Federico 358), compositores como Acario Cotapos, José María Franco o el famoso pianista polaco Arthur Rubinstein (Morla En España con Federico 500), también se escucharon sus canciones a través de la radio. En Madrid, la emisora Unión Radio comienza a emitir sus programas en junio de 1925 y, como ha estudiado recientemente el profesor Laín Corona, “la poesía fue objeto de interés en la incipiente industria cultural y la consideró compatible con la radio, debido a la común naturaleza oral y sonora” (Laín Corona 249).
El primer recital en Unión Radio fue en 1935, donde él mismo interpretó al piano, cantadas por Raia Valero Archer[15], la canción que compuso sobre un poema de Fernando Villalón y otra sobre uno de Lorca. Nos dice en su diario:
13 DE MAYO
Paquito Sola me acompaña a la “Unión Radio” donde Retina [sic] Valero va a cantar dos de mis canciones –“Paso” y “Diligencia”– y me piden que las acompañe yo. Paco me anima y accedo… Estoy tranquilo.
Me encuentro en un cuarto, con el piano, el aparato emisor, y un señor que dirige la maniobra. Nadie más. Pensar que nos oyen millares de personas…
En casa, recibimiento de los míos. Me han escuchado con emoción todos… hasta la cocinera. (Morla En España con Federico 477)
Al mes siguiente, en la programación del 23 de junio de 1935 de la misma emisora, se anuncia un “Recital de canto, por Mercedes Dalvy” y una de las canciones es “Canción de jinete de García Lorca y Morla” (Laín Corona 296). Aludiendo a este recital, en la revista Ondas del 22 de junio de 1935, aparece la siguiente reseña sin firma:
“CANCIÓN DE JINETE”
de García Lorca y Morla:
“Canción de jinete” es la primera composición de la serie titulada “Andaluzas” inserta en el “Libro de poemas” del gran poeta granadino Federico García Lorca. Es una estampa antigua, hacia mediados del siglo último:
En la lucha [sic] negra
de los bandoleros
cantan las espuelas.
Caballito negro,
¿dónde llevas tu jinete muerto?
La música de Carlos Morla interpreta sutilmente el sentimiento romántico de la poesía de Lorca y la suave melodía se mueve sobre un acompañamiento de expresiva armonía, en la cual refinadas disonancias se suceden en un ambiente de extremada musicalidad. (Laín Corona 297)
Lorca, en la sección “Andaluzas” del libro Canciones tiene dos poemas con igual título: Canción de jinete (1860) [En la luna negra de los bandoleros] y Canción de jinete [Córdoba. Lejana y sola]. En esta reseña del recital, se habla de “Canción de jinete (1860)” y pone las primeras estrofas. Pero la partitura que se conserva es del otro poema. A no ser que le pusiera música a este otro y se haya perdido la partitura, puede ser que el articulista se confundió de poema y habló del otro, echándole imaginación para describir una canción que no escuchó previamente.
Pero la realidad es que la edición y difusión de estas canciones ha sido muy escasa. Morla nos dice que intentó editar un cuadernillo con sus canciones. El 12 de junio de 1936 va con Lorca a “una casa editora de música … que se interesa en publicar las canciones que he compuesto con letra de poetas españoles”, pero es recibido por unos comerciales, “dos muchachos amables, no muy cultos … que no se interesan por la buena música” (Morla En España con Federico 484) y no las ven muy vendibles[16]. Tal vez lo intentó en una editorial comercial, en lugar de una dedicada a la música clásica como la UME (Unión Musical Española)[17].
No fue hasta 1946, cuando estuvo destinado en Suiza, cuando editó un cuaderno con seis de estas canciones: tres de Lorca, una de Alberti, la de Villalón y el poema de Alfaro[18]. Dos de estas canciones se escucharon el 7 de febrero de 1956 en Washington, en un concierto organizado por la sección de música de la Organización de Estados Americanos, según se publicó en el Boletín Interamericano de Música de la Pan American Union: “Recital de la soprano chilena Laura Krahn, acompañada por el pianista Paul Sargent. Mi niña se fue a la guerra y Diligencia, de Carlos Morla Lynch, Chile” (28).
La guerra civil
El 18 de julio de 1936, Carlos Morla y su familia estaban en Valencia, para embarcarse a Ibiza, donde pensaban pasar sus vacaciones. Al no lograrlo, tuvieron que permanecer un mes allí y, cuando pudieron regresar a Madrid, se encontraron el edificio de la embajada lleno de refugiados políticos. Su casa estaba cerca del frente, y gracias a que Bebé cantaba y tocaba el piano, en noviembre se mudan a una casa amplia, que un comité de la CNT les ofrece “porque tenía piano” (Morla España sufre 32). Allí también acoge a refugiados.
En estos años de guerra, parece que compone poco. Los domingos después de comer se celebraban conciertos organizados por uno de los refugiados, el director y compositor José María Franco, que también le da clases de canto a Bebé. En noviembre de 1938 nos dice que está componiendo una cueca chilena y “una pieza para niños muy fácilmente y muy de mi agrado” (Morla España sufre 626)[19].
Pero lo que nos llama mucho la atención es el hecho de que, en esos conciertos dominicales llenos de refugiados de derechas, militares afines al golpe de estado y falangistas, se cantaran canciones de Alberti (destacado poeta comunista durante la guerra) o de García Lorca, poeta al que apenas año y medio antes había fusilado ese mismo bando sublevado. Leemos en el diario, el 10 de noviembre de 1938: “Duermo la siesta y me levanto para el concierto. Empieza a venir la gente … en la segunda parte Falla y cuatro canciones mías «El herido» (Alberti), «Sorpresa» y «Memento» (García Lorca) y «La diligencia» (Villalón)” (Morla España sufre 608-9) (Morla Informes diplomáticos 514-5), e incluso el 29 de noviembre “Se le dan a conocer a José María Alfaro varias canciones mías con letra de García Lorca y otros poetas. Toca el piano José María Franco. Alfaro está entusiasmado” (Morla España sufre 624). No hay que olvidar que José María Alfaro fue uno de los fundadores de Falange Española, y amigo íntimo de José Antonio Primo de Rivera. Quizá éste lo hizo por agradecimiento, pues unos días antes Carlos Morla compone una canción sobre un poema suyo: Mi niña se fue a la guerra[20].
También en noviembre de este año nos dice que le publican en la revista Blanco y Negro un cuento que es leído por uno de los refugiados[21]. En febrero del año siguiente comenta que se ha enterado de la muerte de Antonio Machado, pero se confunde al decir que le puso música a un poema suyo[22].
Incluso a finales de abril de 1939, después de la entrada en Madrid de las tropas franquistas (28 de marzo), y poco antes de abandonar el país (sale de España el 7 de mayo, con destino a la embajada de Chile en Berlín), da un concierto en su casa donde vuelve a cantar a Lorca:
En la tarde tenemos reunión. Bebé dará a conocer la canción de “Mi niña se fue a la guerra”, que Falange quiere lanzar. Con este motivo habrá un pequeño concierto…
Bebé ha ensayado toda la mañana con el maestro Franco… Ha venido también José María Alfaro con su uniforme y su boina colorada. Hay unas veinte personas. El salón está sombrío, con la lámpara en el piano. Franco en el piano, Bebé al frente, yo doy vuelta a las páginas de la música. El ambiente es agradable. Bebé canta: «Comme la nuit», «Après le bal» de Tchaikovsky, dos canciones mías con letra de García Lorca y, por fin «Mi niña se fue a la guerra», que hacen repetir. (Morla Diarios de Berlín 59-60)
En cuanto a las canciones infantiles, existe una carta de Carlos Morla a la pintora chilena María Tupper fechada en París el 30 de marzo de 1963, donde explica que su hermana tiene todas las partituras de las canciones en su casa:
Respecto a mi música, hay dos cuadernos impresos ... uno de ellos canciones para “mis niñas”[23]. Deben estar en un rincón en casa de Carmen porque se las envié a mis hermanas ... Las otras –que son muchas– están en un cartapacio. Están escritas en un solo ejemplar que, si se perdiera, se “acaba la canción”. Si hay algunas repetidas, te las enviaré. Hay algunas muy lindas. Una “berceuse”, entre otras, que le escribí a mi ahijada Terelú –hijita de Manuelito Bianchi Pérez de Castro, que era mi secretario en Holanda– cuando cumplió un año. (Tupper 355)
Conclusiones
Carlos Morla no era un compositor profesional. No se dedicó a la música, a pesar de su gran afición a ella: “A pesar de su precocidad, pues desde niño componía y tocaba el piano y también escribía, nunca creyó en él lo necesario para dar el paso de dedicarse profesionalmente a la literatura, o a la música, que era lo que realmente le gustaba” (Lergo 137). Como decía Lorca, con la ironía que le caracterizaba, Morla era un diletante.
Cuando llega a España, no le había puesto música a ningún poema, solo había compuesto canciones infantiles. Si nos hacemos la pregunta de qué es lo que le llevó a componer tantas canciones de poetas coetáneos que llegó a conocer personalmente, y que ahora salen a la luz, tenemos que pensar en la postura que toma éste con respecto a la poesía. Martínez Cantón, al estudiar el tema de las musicalizaciones de poemas, uno de los puntos de vista que propone es el cambio de medio o “La perspectiva de la intermodalidad” (Martínez Cantón 420). Morla se expresa con la música, y su manera de “decir” la poesía es a través de su puesta en música, sin transformarla, sin cambiar nada del texto, como él mismo nos dice[24]. Para él, música y poesía van unidas y con la música se puede expresar todo lo que uno desee. También Lorca pensaba lo mismo: “Alguien expresó el concepto de que los poetas modernos no eran musicalizables. Por Dios, –exclama Federico– Todo es musicalizable, hasta una receta de médico” (Morla En España con Federico 472). Además, Morla comunica sus canciones a través de otro medio, el concierto al público, a una audiencia, que es su manera personal de transmitir la poesía.
El segundo aspecto destacable es la recepción de estos poemas musicalizados por parte de sus creadores. Hemos visto como algunos poetas les dan sus poemas (algunos todavía inéditos) para que Morla les ponga música. Además, Lorca los canta: “Por la noche se llena la casa. Se cantan mil romanzas … Federico interpreta personalmente «El cazador» y la «Canción tonta» con una gracia inefable” (Morla En España con Federico 365). Todo esto demuestra el grado de aceptación por parte de los poetas de este “cambio de medio” o, en palabras de Badía Fumaz recogidas por Martínez Cantón, “la transmediación de un medio, la poesía, a otro, la canción” (424).
En tercer lugar hay que comentar que, al igual que Jorge Guillén “le trae su Antología de poetas españoles y leen en voz alta varias obras de autores distintos” (Morla En España con Federico 421), Carlos Morla termina su estancia en España creando él mismo una selección de poemas de esta edad de plata española, que se convierte en una “antología personal”, pues la selección de poetas y de poemas concretos, los elige estando “influido por una emoción, por una poesía que me ha conmovido, o por un paisaje” (Morla En España con Federico 358). Solo nos queda esperar a que próximamente podamos escuchar estas canciones y nos emocionen tanto como a él.
Referencias bibliográficas:
Notas
[1] Este artículo es resultado de M+PoeMAS, «Mucho más que poemas. Poesía para más gente y poéticas de la canción», proyecto de investigación con financiación de la Agencia Estatal de Investigación del Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades (PID2024-158927NB-I00), coordinado en la UNED por Clara I. Martínez Cantón y Rocío Badía Fumaz, entre septiembre de 2025 y agosto de 2028.
[2] En 2019 la misma editorial reeditó los dos volúmenes con el título Diarios españoles. Vol. I y vol. II.
[3] Entrevista con Beatriz Morla en Madrid. 23-1-2026.
[4] Se editó un año antes, pero seguramente era la segunda edición del libro, que había sacado ese mismo año la misma editorial, al agotarse la primera edición.
[5] Hasta este momento había publicado: Libro de poemas (1918-1920) y Canciones (1921-1924).
[6] Se trataba del poema Antiguo clamor, aparecido en dicho diario el 5 de abril de 1933, p. 2, con dedicatoria “A Carlos Morla”. El poema pasará idéntico a la sección Donde habite el olvido, del libro La realidad y el deseo, poema XV, sin el título y sin la dedicatoria.
[7] Acario Cotapos Baeza (Valdivia, Chile, 1889-Santiago de Chile, 1969), compositor chileno que estuvo residiendo en Madrid entre 1934 y 1938. Según su diario, en 1933 le dio clases de armonía a Carlos Morla.
[8] Embajador de México en España entre 1932 y 1934, y poeta. En Madrid se relacionó con algunos miembros de la generación del 27 y Altolaguirre le editó en 1933, el poemario Paso a nivel.
[9] Se trata de Serafín Fernández Ferro, que tuvo una relación sentimental con Luis Cernuda y que le inspiró los poemarios Los placeres prohibidos y Donde habite el olvido. El poema, transcrito desde la partitura, es el siguiente: Las lágrimas que lloré por nadie, / son mis mejores sentimientos; / que nunca lo sepa nadie, / nadie más que el viento muerto. // No eran por ti, madre, / yo sé que has muerto; / no eran por amor, / porque no lo siento. // Que nunca lo sepa el aire, / que estoy muriendo de amor; / enamorado de nadie.
[10] No he podido identificar este poema entre las partituras conservadas. Puede que se trate de una de las composiciones que no se han encontrado.
[11] Hasta el momento, no he encontrado ninguna partitura sobre poemas de Jorge Guillén.
[12] Para conocer mejor esta relación poetas-compositores en la Generación del 27 se puede consultar, entre otras, las obras de Roger Tinnell Los músicos escriben a Federico García Lorca; Eladio Mateos Miera Rafael Alberti y la música y Ana Benavides Gerardo Diego y la música.
[13] Las partituras las conserva su nieta Beatriz Morla González del Valle. Para 2027, dentro de los actos para conmemorar el centenario de la generación, hay un proyecto del Centro Cultural Generación del 27 de Málaga de editarlas y realizar diversos recitales con estas canciones.
[14] También podemos verlo por la numeración que llevan las partituras (aunque no sabemos si fueron puestas por el mismo autor o son posteriores), pues la que conocemos que es del periodo de la guerra, la de José María Alfaro, lleva el número 37. Además, en la carta nombra a Vicente Aleixandre y a Jorge Guillén que, de momento, no hemos encontrado ninguna composición.
[15] Raia Valero fue una cantante y profesora de canto nacida en Milán, hija del tenor andaluz Fernando Valero Toledano y la soprano ucraniana Raia Kotowitch Sauviski. Era hermana de la pintora e ilustradora Maroussia Valero, amiga de Carlos Morla. Se dedicó en Madrid a impartir clases de canto y a dar recitales. El transcriptor del manuscrito del diario no logró transcribir bien el nombre.
[16] Llegan a decir: “más produce un ¡Ay, ay, ay! [refiriéndose tal vez a la música flamenca] o un ¡Valencia! [la composición de José Serrano, con letra de Maximiliano Thous, que hoy es himno de la Comunidad Valenciana], que toda la obra junta de Falla -afirman. Lo que más dinero da hoy -prosiguen- es El Manisero y La Carioca” (Morla En España con Federico 484).
[17] El humor irónico de Lorca hace que, al ofrecimiento de un empresario para que Morla ponga música a un Manisero o una Carioca, Lorca responda por él, con la rapidez de un rayo: ¡Aceptado! (Morla En España con Federico 484).
[18] Carlos Morla-Lynch. Canciones para canto y piano. Contenido: 1. Canción tonta (Lorca); 2. Memento (Lorca); 3. Sorpresa (Lorca); 4. El herido (Alberti); 5. Diligencia (Villalón); 6. Mi niña se fue a la guerra (Alfaro).
[19] Tal vez sea una de las que publicó años más tarde en Holanda: Canciones para mis niñas Verónica y Beatriz. Contenido: La Casita del bosque; El patito feo; La Caperucita; San Nicolás; Navidad.
[20] Esta canción ha sido interpretada en Barcelona en enero de 1996, por la soprano holandesa Eva María Westbroeken, dentro del XXXIII Concurso Internacional de Canto Francesc Viñas.
[21] Realmente no se publicó en 1938, sino ocho años antes, en la revista Blanco y Negro.
[22] Por estas fechas no había puesto música a ningún poema de Antonio Machado, aunque sí posteriormente. El poema que menciona “Que mayor dolor”, es en realidad de Manuel Machado.
[23] Se está refiriendo a sus nietas Beatriz y Verónica Morla González del Valle, hijas de Carlos Morla Vicuña, su hijo.
[24] Efectivamente, hemos revisado todos los textos de las partituras, y son bastante fieles al texto original del poema.