Maristany, José. “Reseña de Silvina Ocampo marginal. De labores menores y lecturas oblicuas, de María Julia Rossi”. Anclajes, vol. XXX, n.° 1, enero-abril 2026, pp. 165-168.

https://doi.org/10.19137/anclajes-2026-30111


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RESEÑAS

Silvina Ocampo marginal. De labores menores y lecturas oblicuas

Rossi, María Julia

Rosario, UNR Editora, 2024, 186 páginas.

ISBN: 978-987-702-678-8


 “El margen es un espacio alternativo, un sitio de diferencia, de distancia y de otredad” (11), así comienza María Julia Rossi su ensayo sobre Silvina Ocampo. La marginalidad apunta en este caso a diversos aspectos: en primer lugar, nos referimos al lugar secundario que ocupó Silvina al costado de Adolfo Bioy Casares, Jorge Luis Borges y Victoria Ocampo, figuras deslumbrantes, que se expusieron más allá de los círculos literarios para devenir, es su momento, personajes “populares” y mediáticos de la (alta) cultura argentina. Tanto la abundante crítica como los ensayos biográficos de los últimos treinta años sacaron de las sombras a la “hermana menor” y tuvieron en cuenta ese lugar subalterno al momento de analizar sus ficciones. Aun así, sostiene la autora, desde el margen, Silvina pudo habitar activamente los espacios centrales del campo literario argentinos de mediados del siglo XX.

En segundo lugar, el margen sería también esa galería de niños, mujeres, servidumbre y parias de diferente naturaleza que habitan las tramas de Ocampo. La crítica también ha señalado con insistencia ese interés por lo “minoritario”, en términos deleuzianos, como base de su proyecto creativo donde conviven el humor, la crueldad, el horror, lo siniestro y lo exagerado, para usar algunos de los términos que definen ese mundo extraño que nos propone la autora de La furia.

Ahora bien, Rossi propone en este libro “lecturas marginales u oblicuas” de Ocampo, ¿qué significa marginales en este contexto? Pues bien, –y en esto reside la originalidad y el principal aporte de este ensayo– la autora no se ocupa mayormente de las obras –poesía y cuento– y los temas centrales que ha abordado la crítica en las últimas décadas, sino de labores “menores” como bien lo expresa el subtítulo: analiza, por ejemplo, el único ensayo que publicó Silvina, sus trabajos de traducción sobre obras ajenas o propias, diversas prácticas de reescritura de su propia obra a otros géneros textuales, lee los manuscritos de un cuento y las notas al margen para analizar el proceso de escritura, y se detiene por último en las dedicatorias a su hermana mayor en sus propios libros. También es cierto que esa mirada oblicua se vuelve “llamativa” para decirlo con Sylvia Molloy, cuando la autora propone la lectura de cuentos que no forman parte del corpus transitado habitualmente por la crítica o bien recupera relatos inéditos que se han ido publicando en los últimos veinte años. El ensayo consta de cinco capítulos, enmarcados por una introducción y un epílogo; a lo largo de este recorrido se recuperan objetos relegados de la obra ocampiana, pero que cobran un sentido consistente y articulado bajo la mirada sutil y minuciosa de Rossi.  

En el primer capítulo, se aborda el género ensayo a través del “Estudio preliminar” al volumen de Poetas líricos ingleses de 1949, publicado por Clásicos Jackson. Se trata del texto crítico más extenso que Ocampo escribió y el único que fue publicado. Rossi se detiene en las fuentes que utilizó Silvina para relatar la biografía de estos poetas como, por ejemplo, la undécima edición de la Enciclopaedia Britannica, The Cambridge History of English Literature, o Lives of the Most Eminent English Poets de Samuel Johnson. Entre los rasgos que singularizan este ensayo y que lo ponen en relación con las preocupaciones de Ocampo y con su proyecto creador, Rossi señala las analogías que tiende entre la poesía y la pintura –actividad a la que se dedicó intensamente en su juventud–, la incorporación de relatos, de mayor o menor extensión, reescrituras de las fuentes utilizadas y en los que es posible hallar su estilo personal, y una poética que es familiar para quienes han leídos sus cuentos y su poesía: aquella que borra las fronteras entre poesía y narración y reivindica el carácter ficcional de la poesía. Por último, la autora reúne datos sobre el contexto editorial en que fue publicado este ensayo: se trata de un volumen de la Colección Jackson, dirigida por el exiliado español Ricardo Baeza que a mediados del siglo XX se proponía difundir clásicos de la literatura “universal” y en cuyos prólogos participaron no pocos integrantes o allegados a la revista Sur, como José Bianco, Adolfo Bioy Casares, Jorge Luis Borges, entre otros.

Dedica el segundo capítulo a las actividades de Silvina como traductora y escritora en otras lenguas. Parte Rossi de la hipótesis de que el inglés y el francés no fueron solamente llave de ingreso a la lectura, sino también, un espacio creativo dentro de su proyecto literario. Se ocupa de las traducciones de la poesía de Emily Dickinson, un proyecto sostenido durante muchos años, y recupera trabajos críticos que se ocuparon de comentar sus traducciones. Por otra parte, también se detiene en otros escritores traducidos por Ocampo como Julien Green, Jean Genet –colaboró con José Bianco en la traducción de Las criadas–, Pierre de Ronsard, uno de sus poetas favoritos.  Rossi apunta que muchas de las traducciones de poemas fueron incluidos en sus volúmenes de poesía, lo cual da una idea acabada de la función creativa y “original” que asignaba a esta tarea al equipararla a la inspiración poética personal. Asimismo, se ocupa de la escritura directa en lenguas distintas al español –inglés y francés- y la autotraducción como en el caso del prólogo que escribió originalmente en inglés a la antología de sus cuentos titulada Leopoldina’s Dream, y que tradujera posteriormente.

En el tercer capítulo, la reescritura –como cita, intertextualidad o trabajo sobre versiones previas– es objeto de indagación como una práctica esencial en la obra ocampiana, base de una poética de la experimentación y del cruce de géneros. Punto que acerca a Silvina a su amigo Borges y su poética “de segunda mano” como la llamó Alan Pauls, quien hizo de la reescritura, de textos propios y ajenos, una marca personal tanto de su prosa como de su poesía. En Ocampo, la reescritura es también una práctica habitual en varios sentidos: la poeta reescribe un poema y ambas versiones se incluyen en el mismo volumen; la autora vuelve sobre sus propios cuentos y los modifica; un tema o un personaje pasan de un género literario a otro, o bien, como una forma de reescritura, traduce al castellano poesías que había escrito originalmente en francés o en inglés. Al igual que en Borges, esta práctica refuta la diferencia entre original y copia y propone un gesto vanguardista en el que la autora aparece ante todo como lectora y traductora y su escritura como un proceso espiralado que vuelve, por momentos, sobre sus propios pasos.

Rossi se ocupa especialmente de tres casos: las versiones en prosa y en verso de la “Autobiografía de Irene”, el cuento “El diario de Porfiria Bernal” y el poema “Del diario de Porfiria”; y por último, la nouvelle “El impostor” y su adaptación para un guión cinemtográfico que lleva por título “Final para un film que nunca se filmó”.

Para el cuarto capítulo, la autora elige el cuento “Carta perdida en un cajón” y rastrea las maneras en que Ocampo construye la ambigüedad, que bien podríamos llamar queer, para representar un deseo sexual disidente. De la mano de herramientas de la crítica genética, analiza los pre-textos redaccionales de ese cuento para confirmar lo que la crítica viene ya señalando con respecto a un recurso que aparece en muchas de sus tramas como es el borrado de las marcas genéricas de los personajes –lo mismo ocurre en “La continuación” por ejemplo–: lo que Rossi demuestra es que no se trata de efectos involuntarios, sino por el contrario, de un minucioso trabajo de revisión de diferentes versiones, que deja sus marcas en los márgenes de las hojas con anotaciones que testimonian del esfuerzo consciente por lograr un resultado como el deseado. Lamentablemente, en la actualidad, es reducido el material del archivo Ocampo al que se puede acceder. Seguramente, cuando finalmente esos papeles puedan estar a disposición de los lectores especializados, se podrá ampliar este tipo de análisis de corte genético que se revela muy fructífero.

En el quinto capítulo, Rossi vuelve sobre otro aspecto que la crítica ha abordado con amplitud: se trata del lugar destinado a la mujer en el espacio doméstico y público del mundo ficcional ocampiano. Es interesante subrayar como lo hace la autora que el tema del feminismo siempre fue visto como una “falta”, como aquello sobre lo cual la autora de La furia no tomaba partido públicamente. Es verdad que en sus declaraciones al respecto, volcadas en diversas entrevistas (María Moreno, Noemí Ulla), tenía posiciones contrarias a ese tipo de militancia y compromiso. Sin embargo, en muchas de sus ficciones, apunta críticamente al rol de las mujeres y a los mandatos sociales que las limitan y condicionas. En este sentido, parece decirnos Rossi, el feminismo de Ocampo deberíamos buscarlo en sus cuentos. Ya lo había propuesto con mirada sagaz José Amícola en su texto “La casa de azúcar y el placer de sentirse cruel y ser mujer”, incluido en La batalla de los géneros (2003). Leemos en ese trabajo que la escritura de Silvina “no vendría, en definitiva, a ser otra cosa que la búsqueda de cómo debe escribir una mujer a la que se ha educado a sentir como mujer, pero que quiere emanciparse tanto de la tradición escrituraria masculina como de las imposiciones de expresión que le corresponderían a una mujer” (Amícola 221). Rossi selecciona con buen criterio tres cuentos, poco conocidos, para analizar: “Las repeticiones” (relato inédito publicado en 2006, en el volumen que lleva ese mismo título), “El automóvil” y “La cara en la palma”. Esta lectura le permite concluir que en la ficción Ocampo plasmó ideas contestatarias al representar mujeres que resisten a mandatos e instituciones patriarcales y opresivas.

Por último, el epílogo nos acerca a las dedicatorias personales que Silvina escribió de puño y letra en sus propios libros para su hermana Victoria. Es un verdadero hallazgo poner la mira en esta marginalia, en un trabajo que habla de “márgenes”. Se develan allí lazos personales y familiares que contribuyen a delinear las imágenes que estas hermanas ofrecían en el campo intelectual de la época.

José Maristany

Instituto de Investigaciones Literarias y Discursivas (ILLyD)

Facultad de Ciencias Humanas

Universidad Nacional de la Pampa (UNLPam)

ARGENTINA

ORCID: 0000-0002-8275-1662