Martínez Fernández, Ángela y Raúl Molina Gil. “Escrituras contra la Norma. Formas disruptivas de hacer memoria”. Anclajes, vol. XXX, n.° 1, enero-abril 2026, pp. 1-9.
https://doi.org/10.19137/anclajes-2026-3011

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DOSSIER
Escrituras contra la Norma. Formas disruptivas de hacer memoria
Ángela Martínez Fernández
Universitat de les Illes Balears
ORCID: 0000-0001-5402-9261
Raúl Molina Gil
Universidad de Alcalá
ORCID: 0000-0001-8100-4481
Fecha de recepción: 20 de mayo 2025 | Fecha de aceptación: 10 de junio 2025
Resumen: Las aproximaciones aquí reunidas indagan en narrativas contemporáneas hispánicas y latinoamericanas que tensionan las formas convencionales de construcción memorialística. Se trata, por tanto, de observar cómo se desarrollan estas reinterpretaciones del pasado en las voces de sujetos que han sido históricamente subalternizados y, por tanto, excluidos/as de lo comúnmente aceptable, posible o válido. Frente a un campo literario que favorece discursos patriarcales, masculinos (y masculinizados), burgueses, urbanos, heterocentristas y occidentalizados, ponemos en primer término aquellos que son críticos con el statu quo institucionalizado al ofrecer miradas periféricas o disruptivas en cuestiones de clase, género, procedencia geográfica, clase social o ideología.
Palabras clave: Memoria; Narrativas contrahegemónicas; Subalternidad; Siglos XX y XXI.
Writing against the Norm. Disruptive forms of memory making
Abstract: The approaches gathered here explore contemporary Hispanic and Latin American narratives that challenge conventional forms of memoir writing. The aim, therefore, is to observe how these reinterpretations of the past are developed in the voices of subjects who have been historically subalternised and, therefore, excluded from what is commonly acceptable, possible or valid. In the face of a literary field that favours patriarchal, masculine (and masculinised), bourgeois, urban, heterocentric and westernised discourses, we bring to the fore those that are critical of the institutionalised statu quo by offering peripheral or disruptive views on issues of class, gender, geographical origin, social class or ideology.
Key Words: Memory; Counter-hegemonic Narratives; Subalternity; 20th and 21st Centuries.
Escrever contra a Norma. Formas disruptivas de criação de memória
Resumo: As abordagens aqui reunidas investigam narrativas hispânicas e latino-americanas contemporâneas que tensionam as formas convencionais de construção memorialística. O objetivo, portanto, é observar como essas reinterpretações do passado se desenvolvem nas vozes de sujeitos historicamente subalternizados e, por isso, excluídos do que é comummente aceitável, possível ou válido. Perante um campo literário que privilegia os discursos patriarcais, masculinos (e masculinizados), burgueses, urbanos, heterocêntricos e ocidentalizados, trazemos para primeiro plano aqueles que são críticos do statu quo institucionalizado, oferecendo visões periféricas ou disruptivas sobre questões de classe, género, origem geográfica, classe social ou ideologia.
Palavras-chave: Memória; Narrativas contra-hegemónicas; Subalternidade; Séculos XX e XXI.
Los procesos de memoria son objeto de debate en las sociedades del nuevo milenio, como demuestran las recientes revisitaciones de los procesos colonialistas, los juicios contra los perpetradores de las dictaduras iberoamericanas, los debates sociales sobre los procesos de resignificación de la guerra civil española, las reivindicaciones de la memoria LGTBIQ+ por parte de diversas agrupaciones colectivas o el etnocidio silencioso de las culturas rurales campesinas. En el interior de ese escenario, no obstante, quisiéramos continuar prolongando el pensamiento y observar, específicamente, la conjugación que se produce entre las distintas escrituras, especialmente aquellas que nombraremos como disruptivas, y sus formas de articular o hacer memoria. Esto es: proponemos analizar con detenimiento las relaciones existentes entre las formas antihegemónicas de narrar (aquellas con planteamientos, estéticas y sujetos autoriales que van contra la Norma literaria e ideológica) y su manera de mirar hacia el pasado.
Queremos, pues, observar qué tipos de memorias se enarbolan en discursos de sujetos que han sido históricamente subalternizados y, por tanto, excluidos/as de lo comúnmente aceptable, posible o válido. Partimos, para ello, de varias ideas que se entrelazan entre sí: por un lado, que el campo cultural es un territorio de luchas donde se perpetúan las jerarquías del espacio social (Bourdieu) y, por otro, que los sujetos desplazados a su periferia pueden ensayar escrituras disruptivas que esconden un potencial saboteador de ese modelo de mundo dominante (Asensi). Un potencial que, creemos, parte del ejercicio de rememoración de las luchas y las dominaciones previas. El dossier que aquí nos ocupa es una plataforma para ahondar en esa interrelación específica que busca hacer posibles memorias disidentes desde escrituras que voltean o remueven las normas.
Tras los pasos de Pierre Bourdieu o Loïc Wacquant, entendemos el territorio cultural como un espacio de luchas cuyos ocupantes buscan, individual o colectivamente, salvaguardar o mejorar su posición e imponer los principios de jerarquización más favorables para sus propios productos y beneficios. En el ámbito literario, los/las agentes implicados/as en estos juegos de fuerza exceden al sujeto escritor y alcanzan a toda una sucesión de instancias legitimadoras, productoras de discursos que activan determinadas mecánicas de poder. Si atendemos a la relación entre el campo literario (Bourdieu) y los procesos de canonización (Even-Zohar), observaremos una clara preferencia por la centralización de propuestas alineadas con las tendencias ideológicas e identitarias defendidas por quienes han acumulado el capital económico y cultural necesario para acceder a la palabra pública y para participar, por tanto, en los procesos de escucha social[1].
Es por ello, creemos, que el campo literario favorece un predominio de discursos patriarcales, masculinos (y masculinizados), burgueses, urbanos, heterocentristas y occidentalizados que expulsan hacia los márgenes de lo simbólico y de lo material las propuestas críticas con el statu quo institucionalizado, esto es, aquellas que ofrecen miradas periféricas o disruptivas en cuestiones de clase, género, procedencia geográfica, clase social, ideología, etc.
Aunque a día de hoy ya se han transitado algunas sendas y recodos de ese fuera de plano, especialmente a partir de la repolitización acontecida tras los procesos colectivizadores del 15M, es aún urgente perpetuar el trabajo de apertura de nuevas vías que ofrezcan acercamientos-otros a los hechos presentes y pasados de las literaturas hispánicas: nuevos filtros, nuevos métodos, nuevas miradas, nuevas concepciones, nuevos mundos posibles. Cuestiones disonantes que horaden lo cimentado para mostrar ese más allá de lo (in)visibilizado: el espacio ensombrecido donde moran quienes no fueron invitados/as a participar de un sistema jerárquico en el que solo determinadas representaciones podían formar parte de los estrechos pentagramas de la cultura (Martínez). El resto, haciendo uso de una metáfora teatral, habitan el gallinero, por ser consideradas un borrón o, directamente, por no llegar a ser tenidas en cuenta: silenciadas, calladas, perdidas, censuradas. Ahora bien, esta mirada, la del subalterno, es la predilecta para precisar las fallas y grietas del sistema, pues son el abajo o el afuera los lugares idóneos para atisbar el conjunto de consecuencias de las políticas neoliberales, en muchas ocasiones invisibilizadas por los focos del mismo poder que las desencadena.
Aunque aplicadas en origen a los textos poéticos, pueden trasladarse al ámbito de la crítica las siguientes palabras de Antonio Méndez Rubio:
En las sociedades contemporáneas de la desaparición, donde el uso sistemático de la propaganda y la publicidad convierten las formas oficiales de cultura en sutiles mecanismos de ocultación, de negación de existencia, creo que el mayor desafío del poeta debería consistir en dejar constancia de lo que no se vio. (36)
El objetivo es navegar entre las líneas del discurso y anotar lo ocultado, esto es, lo que ha copado un sinnúmero de reflexiones a lo largo de la historia de las ideas: estaba presente en la noción de panóptico, teorizada por Jeremy Bentham en Le panoptique y retomada por Foucault en Vigilar y castigar, quien también había hablado del poder en cuanto estructura de acción invisible; en la concepción sobre la ideología de Louis Althusser o de Stuart Hall; en el control social del que hablaron Gilles Deleuze o Jürgen Habermas, desde ópticas diferentes pero, en el fondo, no tan dispares; en la hiperrealidad y el simulacro de Jean Baudrillard; en la violencia de Judith Butler, a partir de sus reflexiones sobre el género; en la metafísica y el (fa)logocentrismo de Jacques Derrida; o en los espacios de indeterminación de Wolfgang Iser. La cuestión que nos atañe es, siempre, lo que acontece en la penumbra de la memoria: los discursos y actos obligados a vivir entre una bruma que el arte, la crítica y la investigación deben despejar.
Son los textos promovidos desde estas geografías del afuera los que nos interesan, pues esconden el mayor potencial saboteador de los modelos de mundo: ese carácter atético, que en su disposición da a ver su composición silogística, pone en crisis la posibilidad de esta composición (Asensi) y, por ende, problematiza el mantenimiento histórico del pensamiento hegemónico. Precisamente, este acercamiento desde la crítica como sabotaje defiende que la mirada subalterna tiene el privilegio de generar resistencia (en términos de Gayatri Chakravorty Spivak) y señala, además, que debe ser la asumida por la crítica en su lectura e interpretación de textos: como en el teatro, de nuevo, es la sombreada platea el espacio idóneo para contemplar los elevados palcos y la iluminada escena, donde habitan la palabra, la agencia, el relato y, por ende, la Memoria (la oficial, claro, en mayúsculas).
Los trabajos que aquí se congregan son conscientes de la situación precaria de la que nacen, a la que se dirigen y cuyos huecos intentan (quizás vanamente) rellenar. Su imposibilidad es el origen de su escritura, pues poner en primer plano las oposiciones jerárquicas binarias que sostienen o contra las que se construyen las narrativas aquí analizadas, en un ejercicio deconstructivo, solo puede ser un gesto enraizado en la utopía, entendida como el lugar que permite desarmar sus discursos: esos que habita el centro de un sistema que es necesario mirar desde el afuera. Hablamos al abrigo del Paul Ricoeur de Ideología y utopía, quien afirmaba que lo utópico mira lo que existe desde lo no existente, mientras lo ideológico mira lo que existe desde lo que existe. La recuperación de una memoria disruptiva debe cimentarse en esta inestable y resbaladiza encrucijada o, en otras palabras, en este lugar sin lugar, fuera del “gran interior” del que hablara Peter Sloterdijk en El mundo interior del capital. Recordemos que escapar de Seaheaven solo fue posible para Truman Burbank a través de una puerta ubicada en el espacio de la imposibilidad absoluta: el punto exacto en que el mar y el cielo se unen.
He ahí donde la crítica debe enraizarse, para devenir “la forma de no ser gobernados o incluso la forma de no ser gobernados de esa forma y a ese precio” (Foucault, Sobre la ilustración 8). Esto es, para convertirse en herramienta de la disrupción y facultar, así, una lectura quebrada. Exterior. Subalterna. Al menos, lo más exterior o subalterna posible. Si no asumimos la labor de dicha imposibilidad corremos el riesgo de crear una crítica que se agote o que pueda ser vencida, lo cual, para Luc Boltanski y Ève Chiapello, “permite al capitalismo relajar sus dispositivos de justicia y modificar con toda impunidad sus procesos de producción” (75).
Ante la disposición vertical del campo literario, las “formas disruptivas de hacer memoria” que en este dossier se congregan podrían entenderse, con Naomi Klein en Decir no no basta, como discursos que no se contentan con arribar al momento “destituyente”, esto es, a aquel que visibiliza los dispositivos de poder del capitalismo, sino que, a partir de marcos teóricos diversos, pero siempre vinculados a una retórica de la liminalidad, alcanzan el proceso constituyente, es decir, el de imaginar nuevas dinámicas operativas. Por ello, la lectura que plantea cada una de las siguientes investigaciones no es un dispositivo de cierre, sino una apertura, al ofrecer códigos aplicables a otras textualidades cercanas.
Su crítica es, como la de Walter Benjamin, destructiva, al menos, por dos motivos: primero, porque “tiene la conciencia del hombre histórico, cuya pasión fundamental es una desconfianza indomable en la marcha de las cosas y la predisposición con la que él percibe constantemente que todo puede salir mal” (Benjamin 161); y, segundo, porque “hace escombros de lo existente, y no por los escombros mismos, sino por el camino que pasa a través de ellos” (161). El gesto utopista antes aludido radica justo en la certeza según la cual es posible hendir el muro de la imaginación política hegemónica para observar el afuera de su significación: el de aquella que puede ser articulada por estéticas y sujetos autoriales que actúan contra la Norma literaria e ideológica, como aludíamos al inicio.
Quizás Marina Garcés haya acertado al proponer la obligatoriedad de declararnos insumisas a la “ideología póstuma” retornando a las raíces de la apuesta ilustrada. Esta, entendida como combate radical contra la credulidad, debe ser recuperada como actitud y no como proyecto, como impugnación de los dogmas y de los poderes que se benefician de ellos: “Rescatar esta convicción no es ir al rescate del futuro con el que la modernidad sentenció al mundo al no futuro. Todo lo contrario: es empezar a encontrar los indicios para hilvanar de nuevo un tiempo de lo vivible” (Garcés 31). Al menos, las ideas de Garcés caminan en paralelo con lo que aquí hemos entendido como recuperación crítica de la memoria disruptiva, pues nuestras aportaciones son propositivas, es decir, construyen los primeros pasos de una hoja de ruta que puede ser intransitable, pero cuya sola presencia es sintomática de que hay en ella un gesto esperanzado.
La necesidad de disponer investigaciones sobre estas formas otras de hacer memoria cobra mayor sentido cuando comprendemos que ese afuera se estructura rizomáticamente, pues no existe un discurso legitimado por los altavoces del poder que haya organizado la insobornable pluralidad de una realidad subalternizada. No funciona como una ordenada biblioteca, cuyos códigos nos llevan exactamente al lugar preciso del estante concreto entre las decenas de kilómetros de anaqueles; más bien, en ese espacio exterior los libros se apilan, como en una abigarrada librería de viejo abandonada a su suerte. El rastreo de este tipo de manifestaciones memorísticas es, por tanto, un viaje a través de los filamentos de un micelio simbióticamente interconectado. Al menos, lo presente puede ayudar a definir algún camino de posibilidad dentro de esa red o a colocar un hilo por sus pasillos que como a Ariadna nos permita regresar del laberinto.
Sobre estas bases teóricas, el presente dossier, titulado “Escrituras contra la Norma. Formas disruptivas de hacer memoria”, nos congrega alrededor de una pregunta doble acerca de las escrituras contra la Norma en su más amplia acepción (cómo funcionan, quiénes las enarbolan) y sus modos de mirar hacia el pasado para confeccionar memorias de la resistencia. Queríamos, no obstante, convocar propuestas que habrían funcionado por separado y habrían estado dispersas en trabajos de diferente índole para explorar, precisamente, conexiones insospechadas e insólitas. A los artículos aquí compilados los une un hilo rojo, su interés por el funcionamiento antinormativo (en los antes aludidos términos de clase, género, raza, procedencia geográfica, etc.) y su manera de enarbolar memorias-otras, pero los separan territorios, sujetos y realidades distintas. El objetivo es que todos ellos se encuentren en una red común que permita percibir afinidades, así como disensos productivos para continuar pensando el campo literario como un territorio de batalla.
Abre este dossier el texto “Genealogías mágicas en las narrativas cuir. Una memoria hecha de ficciones”, de Ángela Martínez Fernández (Universitat de les Illes Balears), en el que, tras un rastreo por la propia genealogía del concepto de genealogías cuir, se propone pensar la literatura como un contra-archivo de la disidencia que hace uso de la ficción para crear ecosistemas y memorias alejadas de la práctica archivística y la historiografía tradicional. Novelas como La mala costumbre (2023) de Alana S. Portero, advierte la autora, se enfrentan a los silencios y a las violencias impuestas por la Norma cisheteropatriarcal a través de una estirpe de seres mágicos que, desde la ficción, se convierten también en ancestralidades travestis que sirven de anclajes para las memorias disidentes.
El rastreo por la memoria invisibilizada continúa en “La desaparición de la cultura comunal y la asimilación forzosa de los valores urbanos. Análisis de su representación en las narrativas de la ruralidad en España”, de Raúl Molina Gil (Universidad de Alcalá), que analiza el etnocidio silencioso de las formas de vida campesinas y su proceso de ficcionalización. El investigador, aquí, se arroga la autoridad de representar una comunidad y reelabora el relato comunitario y su sintaxis colectiva de sentido. La clave, en el texto de Molina Gil, es analizar las herramientas de recuperación de los códigos fracturados y estudiar cómo estas pueden minimizar la contradicción que supone representar lo silenciado a través de los dispositivos del poder. La reflexión teórica es aterrizada en dos novelas de Cristina Sánchez-Andrade: La nostalgia de la Mujer Anfibio (2022) y Habitada (2025).
También sobre la historia de la ruralidad versa “Voces de un paisaje inventado: memoria oral de los pueblos de colonización”, de María Ayete Gil (Universidad de Alcalá) que pone en el centro el testimonio de colonos y colonas en los poblados de nueva planta con el fin de sacar a la luz las ambigüedades y los claroscuros del proceso. Desde una perspectiva dialógica, dichos testimonios son relacionados con la bibliografía académica, con la que a veces coinciden y otras veces discuten, corroborando así la complejidad de los procesos memorialísticos del campesinado durante la dictadura franquista.
En “Nuevas fórmulas de aproximarse a la memoria. La importancia del fantasma en la narrativa actual sobre la Guerra Civil española”, Elios Mendieta (Universidad Complutense de Madrid) se adentra en las particularidades de las narraciones memorialísticas sobre el periodo bélico, escritas por la generación de los llamados “bisnietos”, en la que se aborda la recuperación de la historia personal, familiar y colectiva de un modo singular, esto es, a partir de la presencia de lo fantasmagórico. Tras una teorización previa, Mendieta analiza la novela Paisaje nacional (2024), de Millanes Rivas, pues le permite estudiar de forma paradigmática estos novedosos y originales planteamientos narrativos.
El artículo de Álvaro López Fernández (Universitat de València) y Laura Arranz (Universidad Complutense de Madrid), titulado “Reescrituras de la memoria y del desconcierto en los relatos de Valeria Correa Fiz y de Vera Giaconi” establece una mirada comparativa entre las dos autoras que no había sido propuesta hasta ahora, y lo hace a partir del análisis de la evocación traumática que acontece en sus producciones y que sirve como catalizador del desconcierto. López Fernández y Arranz proponen un estudio del fragmentarismo, los silencios y la ruptura que tiene lugar en las obras de Correa Fiz y Giaconi, entendiendo que estas escrituras disruptivas que hablan del trauma y que generan perplejidad y desconcierto, permiten un acercamiento más crítico y complejo a la memoria quebrada del Cono Sur.
Helena Pagán Marín (Universidad de Salamanca) presenta “Poéticas de la iconoclasia. Disrupciones (texto)visuales en las obras de David Bestué y Rogelio López Cuenca”, en el que analiza lo iconoclasta como herramienta de destrucción creativa en la contemporaneidad y plantea una posible tipología de sus procedimientos. Este aparataje se aplica a la obra de los dos autores referidos con el objetivo de mostrar de qué forma hacen uso de estos lenguajes disruptivos para intervenir el orden simbólico de la ciudad actual.
Finalmente, cierra este dossier el artículo “Organizaron nuestra explotación: trabajadoras y conciencia de clase en la obra testimonial de Tomasa Cuevas”, de Mario Bueno Aguado (Universidad de Alcalá) y Cristina Somolinos Molina (Universidad de Alcalá). A partir de la obra testimonial de Tomasa Cuevas, clave en el estudio de las culturas carcelarias femeninas, es analizado el impacto de la vinculación afectiva y la experiencia directa de la desigualdad social en la toma de conciencia de clase dentro de un contexto tan específico como el de la prisión franquista.
Con todo, el proyecto que aquí se presenta es un repositorio que quiere seguir buscando conexiones insólitas y formas-otras de acercamiento a las memorias que fueron expulsadas, subalternizadas y marginalizadas. El objetivo es girar el rostro hacia el pasado, como el Ángel de la Historia de Benjamin; pero hacerlo con los ojos de las subalternas, que son los que mejor permiten ver las violencias y las posibilidades de futuro.
Referencias bibliográficas
Notas
[1] Utilizamos canonizado y canonización siguiendo la terminología propuesta por Even-Zohar, quien no habla de canon ni de canónico, sino de procesos de canonización y de elementos canonizados (11) para “subrayar que la canonicidad no es una característica inherente de los textos en ningún nivel, sino una categoría que se adquiere a lo largo de un proceso y como resultado de una actividad” (Iglesias 332). Ello incluye un matiz de variabilidad diacrónica, a la vez que de responsabilidad institucional en los diferentes procesos: el estado y sus ramificaciones, la crítica externa e interna, los cauces de difusión y mercantilización, etc., ejercen, dice Even-Zohar, diferentes fuerzas que contribuyen a conformar los centros y periferias del polisistema literario. Según el teórico israelí, en una reflexión que aquí aceptaremos, el centro lo conforman aquellos elementos que tras unos procesos de canonización se instauran como elementos canonizados y que pueden ser obras (canonicidad estática) o corrientes (canonicidad dinámica).